viernes, 20 de febrero de 2015

Un mundo de víctimas

Hago esta entrada porque realmente necesito expresarme y ordenar ciertas ideas e impresiones que tengo sobre un tema muy particular que al  parecer es furor en las redes sociales: el sexismo. Y como en tooodos lados la postura sexista siempre supone que el hombre es el malo de la historia  y la mujer una pobre víctima, voy a dar a continuación mi punto de vista desde el sexo masculino.

Primeramente, tengo que expresar mi preocupación por el abuso de victimización que muchas mujeres (heterosexuales, lesbianas, lo que sea) realizan para con los hombres. Sí: es cierto que muchas mujeres son violadas, que hay trata de personas, que una mujer no puede mostrar los pezones como un hombre y que tienen menos fuerza en general que un hombre promedio. Ahora agrego: tampoco hay que negar que la violación sucede tanto en la calle como en la cárcel entre hombres; que la prostitución existe tanto en hombres y mujeres y que incluso strippers masculinos pueden ser explotados; y que obviamente que los pezones de las mujeres son censurados por cuestiones biológicas y culturales, pero un hombre tampoco puede ir por la calle mostrando su bulto apretado porque es considerado como algo "fuerte", "indecente" o "desubicado".

Otra palabra que está sobre-utilizada y que hoy día vendría a ser el sinónimo de "gorila" de parte de un kirchnerista a quien no esté de acuerdo con él: "patriarcado". Sí, claramente hay una estructura donde predomina el sexo masculino en muchos sectores de la sociedad, pero las mujeres no son enviadas a campos de represión para ser ejecutadas, y además ellas pueden servirse de esta clase de estructura para muchas ventajas, sin nombrar que muchas figuras destacadas del mundo son mujeres que inclusive dirigen o han dirigido instituciones, organismos e inclusive naciones enteras. Lo que quiero decir es que no se puede negar que  haya  un predominio machista  hoy día de muchas cuestiones, pero evocar ese término TODO el tiempo para CUALQUIER cosa, ya es señal de misandria: el desprecio a los hombres, el cual puede originarse o sentirse por diversas razones, algunas peores que otras.

Vamos con aspectos que son machistas de esta sociedad y cultura en los cuales muchas mujeres participan y no se cuestionan demasiado:

1) Figuras masculinas sobresalientes: en el caso del fútbol por ejemplo, que es un deporte donde tiene más importancia el mundial masculino del mismo que cualquier otro, claramente es un deporte machista porque no solamente está compuesto plenamente por hombres, sino que es un deporte vivido apasionadamente por sujetos del mismo sexo. Pero bien que las mujeres también comparten esa pasión (sea por tal o cual equipo o su selección nacional) y bien que disfrutan ver hombres de buen físico, carilindos y rudos como tal o cual jugador que les gusta. Ahí no hay queja.

2) La caballerosidad: la caballerosidad es el trato especial a las mujeres como si necesitasen todo el tiempo ayuda del hombre, como si fuesen débiles o como si fuese una norma moral implícita que hay que respetar. Eso es machista, porque debajo de un gesto tierno y galante el pensamiento de base puede ser "una mujer es débil y frágil, hagámosle un favor". ¿Cómo queda un tipo si no le da el asiento a una mujer? Como desubicado y como poco educado. Eso se verá en cada situación y de acuerdo a cómo se encuentren físicamente ambas personas, porque tranquilamente una muchacha puede darle el asiento a un joven que está mareado, descompuesto o agotado. Y repito que hay que ver los casos particulares, puesto que si bien el hombre en general es fuerte, hay mujeres que tienen mucha fuerza y que son capaces de tolerar mucho malestar físico.

3) Estándares de belleza: sí, los hombres en general prefieren tetas y culos grandes y bien formados, como así también vientre plano, y esto obedece en parte a nuestra biología. Tampoco se puede negar que enfermedades como la anorexia y la bulimia, como así también trastornos del estado de ánimo surgen por imposiciones culturales o sociales; sin embargo muchas mujeres se sienten inferiores por no tener cierta acumulación de lípidos en ciertas zonas, o por su altura, o por su voz, por su pelo, lo que sea sin que nadie se lo señale. En otras palabras: las mujeres interiorizan estándares de belleza en vez de luchar contra ellos, y no solamente eso: también los aplican al sexo opuesto (en caso de heterosexualidad). ¿Saben cuántas muchachas fans de espaldas anchas, penes grandes y brazos fuertes conozco? Me parece perfecto que sean honestas y disfruten ver esos rasgos masculinos que representan fortaleza u hombría, en serio, pero como así ellas tienen fetiches tales como arañar espaldas o sentirse abrazadas por brazos fuertes, los hombres pueden tener fetiches con ver culos o tetas. Como existen hombres que exigen ciertos estándares, conozco mujeres que si su novio la tuviera chica o si no le ofreciese su pene (castidad, alguna imposibilidad física, posible secuela de una enfermedad) lo dejarían, reduciendo el sexo a la mera penetración y nada más.

4) Boliches: sí, es cierto que el 99,9% de las mujeres que van a un boliche son tocadas o son "chamuyadas" por alguien, pero como así también ellas sufren de ello, muchas claramente van a provocar o "levantar", motivadas y de buen humor a salir a despejarse porque ese finde había una promo de "ladies free", donde las mujeres no pagan entrada. Obvia la razón: los hombres se sienten más atraídos a esos lugares si  hay posibles blancos para conquistar o empomar. ¿Alguna queja de alguna que no pague? No conozco en mi caso, pero una feminista verdadera estaría ofendida e inclusive insistiría en que le cobren como a todos.

5) Violencia de género: como ya dije, es cierto que hay hombres que golpean y violan a sus esposas, eso no se puede negar porque es una tomada de pelo y una imbecilidad, pero también hay mujeres que abusan de sus esposos o concubinos con todo tipo de violencia (no siempre física), y muchos olvidan ello. Si una mujer se defiende públicamente de un hombre, se la puede considerar fuerte e independiente, en cambio si un hombre la golpea es visto como "cobarde" o "abusador" inclusive por otros hombres. Ahora casi cualquier cosa es violencia de género u odio a las mujeres, y lo penoso es que a este paso discutirle a una o subirle el tono de voz en una discusión también podría llegar a etiquetarse como "un macho que impone su patriarcado sobre una mujer". Además, siguiendo esa lógica donde se produce un daño o perjuicio a alguien del sexo opuesto (y heterosexual) deliberadamente: ¿el famoso histeriqueo femenino no debería ser violencia de género también? ¿Y sus posibles secuelas a nivel psicológico o emocional no serían producto de un acto deliberado de violencia de una mujer para con un hombre?

Éstos cinco ejemplos demuestran claramente cómo muchas mujeres (y hombres "feministas") señalan con el dedo ciertas cuestiones en las cuales se encuentran contenidos pero que realmente en el fondo no luchan, sin oponer demasiada resistencia realmente. Yo NO niego muchas realidades donde las mujeres realmente son víctimas, pero a veces el beneficio secundario de la enfermedad pone muy cómodos a una gran cantidad de sujetos que buscan victimizarse todo el tiempo, desvinculándose de realidades donde ellos también son cómplices. 

Lo que yo propongo es que realmente reconsideremos nuestros puntos de vista, nuestras experiencias- agradables y desagradables - tanto con nuestro mismo sexo como con el opuesto (¿ven? hasta la palabra ya suena un tanto bélica), y que REALMENTE estemos abiertos al diálogo y a aprender ciertas cuestiones tanto del hombre como de la mujer. Si se busca igualdad (como las verdades personas feministas buscan) tenemos que comprender que no todo es "machismo", y que en caso de serlo muchas  personas participan de él, inclusive mujeres. Necesitamos aclarar nuestros pensamientos, tener un poco de humildad y aceptar que muchos términos o reclamos no pueden generalizarse, puesto que cada caso tiene su particularidad y habrá que hacer un balance entre las intenciones y motivaciones de cada actor involucrado en el mismo.

jueves, 10 de abril de 2014

Cuando las personas cambian

Las cosas cambian, las personas también, la realidad cambia. El cambio no siempre tiene que ser concomitante a la "substancia" se podría decir (la estructura, el fondo, la esencia de algo), sino también a sus "accidentes", pequeños detalles que pueden hacer que el todo sea irreconocible inclusive. Una piedra puede seguir siendo una piedra que algún extraño patea aleatoriamente por ir distraído, siendo ella víctima de repetidos accidentes de gente descuidada que no tienen consideración por un pedazo irregular de algo duro y gris. Pero en el momento que comenzaste a preguntarte por esa piedra, o que te diste cuenta que simplemente la pisaste, algo capta tu atención: es algún ser de la realidad pequeño o diminuto que estuvo ahí, a quien ignoraste.

Con las personas es muchísimo más complejo, y obviamente un ser humano aflige más que una piedra con la que tropezaste, sin intención de desquitarte con ella de un puntapié quizá. El gran gran problema o cuestión de las personas, es que nunca terminás de conocerlas, y muchas veces tenés que basar tu relación con una en constancias, patrones o expectativas que se repiten o mantienen durante un cierto tiempo, que pueden ser encuentros ocasionales de la vida o meses de ver seguido a esa persona. En varias entradas ya traté el tema de por qué nos relacionamos con los otros, o por qué justamente ese intercambio o relación puede cesar paulatina o bruscamente, por lo que en esta entrada prefiero hacer énfasis en el asunto de la gente que cambia.

De una persona siempre buscamos o queremos algo que creemos que nos puede dar, y cuando un intercambio infinito de gestos, conductas o palabras se da, podemos corroborarlo y decidir seguir adelante con esa empresa. En el fondo tenemos esperanza o anhelamos que el otro nos de algo, sea lo que sea, que inclusive puede ser un "algo" que esa persona tiene que otra no nos puede ofrecer por más que quiera: compañía, cariño, amistad, alimentar nuestras fantasías románticas, escucha, motivación, disciplina, apoyo, etc.

El problema no siempre se evidencia cuando una relación se desgasta o cuando hay una modificación o re-estructuración de la misma, sino cuando no hay reciprocidad en ello, y una persona se considera una víctima pasiva ante la indiferencia, repulsión o desprecio de la otra persona, muchas veces sin motivo alguno. Alguien necesita del otro, pero él demuestra - inclusive de manera cruel y soberbia - que puede vivir sin el demandante, olvidarse de él por semanas o meses y demostrar que puede respirar y apoyar su cabeza sobre su almohada, para comenzar a soñar quien sabe qué cosas que le permitan conciliar sueño.

Esto pasa porque hubo algo que cambió, una novedad introducida de distinta naturaleza en todo caso: la persona de repente decidió cambiar su forma de relacionarse con nosotros, recibió algún influjo externo, o quizá nosotros le insinuamos que se modifique en cuanto a su forma de tratarnos. Como se dice en criollo: "empezó a manejarse distinto" con nosotros, y muchas veces sin nuestro consentimiento.

Pero dejando de lado el nivel relacional, vayamos más al lado "óntico", al "ser" de la persona: ¿qué le pasó a ese ente que de repente opta por ir por nuevas vías sin nosotros? ¿se introdujo algo en él o se liberó de una parte suya como un animal que cambia su piel o su caparazón porque así lo pauta la vida misma? Ejemplos concretos: alguien nos empieza a tratar distante, ya no nos extraña como antes afirmaba, comienza a estar con otras personas por preferencia o conveniencia, notamos que está más malhumorado o serio, siente indiferencia ante nuestra presencia, o simplemente parece tener en su rostro inmutado una cantidad nula o despreciable de interés por nosotros.

Obviamente que no tengo la bendita respuesta a la cuestión porque depende mucho de cada situación en particular, y también depende qué cosas te ataban o ligaban a esa persona de alguna forma supuestamente "recíproca". Pero puedo afirmar que hay situaciones que realmente dejan boquiabierto a uno, que son consecuencia muchas veces de un cinismo frío y desvergonzado de alguien, o por el estupor o factor sorpresa de decir en términos ordinarios "¿pero acá qué pasó que no me enteré?". Posiblemente nosotros pudimos influir en que la persona cambie con nosotros, como también puede ser que a la persona se le haya metido un parásito en el cerebro y eso afecta su modo de comportarse con todo el mundo, evidenciando que la situación no es personal con nosotros y hace justas las cosas para todos.

Quedar atónito, frustrado, resentido, extrañado, dolido, nostálgico o con un dolor de cabeza impresionante son reacciones totalmente normales, más cuando la persona claramente muestra desinterés o se jacta que encontró nuevos caminos para recorrer sin nosotros, como diciendo de alguna forma "no te necesito más", "seguí respirando, comiendo, durmiendo independientemente de tu existencia", "hasta acá llegaste, de ahora en adelante sigo solamente yo el recorrido", o cosas así que nuestra mente puede imaginar - como analogías - para intentar descifrar el misterio de personas incoherentes o que abruptamente cambian.

Hay personas que claramente son disfuncionales, que están enfermas o que están abrumadas por otros factores que les exigen poner su tiempo y energías en otras cosas, pero he aquí el centro de la cuestión: ¿POR QUÉ cambiaron cosas que previamente NO eran así? ¿será temporal esa novedad o es algo que enterró el pasado e impuso una nueva y sólida estructura que ignora que se cierne sobre él? 

Si creen que la solución es hablar con la persona en busca de respuestas, les aviso que pueden llevarse una gran decepción si ella no demuestra interés, necesidad o ganas de explicarse, y mucho peor si no reconoce semejante cambio. Además, ¿realmente la persona cambió? ¿o nosotros también cambiamos, y estamos susceptibles de pequeños cambios irrelevantes que nos irritan y que nos carcomen? ¿Qué si el problema somos nosotros y la persona jamás modificó absolutamente nada de ella en ningún sentido?

Como conclusión redondeo ideas: las personas son complejas, y es difícil saber hasta qué punto un cambio supone una real y efectiva modificación del otro. También es difícil saber el motivo o duración de ello, o si simplemente estamos proyectando ansiedades previas en un sujeto que poco tiene que ver con nuestros complejos o miedos a amenazas de abandono o desinterés. Observar lo que uno siente y piensa, como así también observar a la persona y esperar que el tiempo pase son muchas veces la única solución natural al asunto, una solución que equivale a un posible desenlace que podría no agradarnos, que van desde un "no sé, ¿qué se yo?" hasta un "la verdad que me distancié de vos y no te extrañé como solía". La gente nos sorprende día a día, y siempre vamos a encontrar situaciones que no tienen una nomenclatura específica que las describan...