domingo, 30 de octubre de 2011

El beneficio secundario de la enfermedad

Ésta es una expresión psicoanalítica, para hacer referencia a una persona que, al estar enferma o en un estado o condición particular dificultosa o mórbida, se justifica en la enfermedad y adopta una posición cómoda para evitar cambiar, hacer un esfuerzo para algo o enfrentar algún hecho. Voy a dar ejemplos:

Ejemplo 1: Supongamos una persona constantemente dice que es dejada y que nunca se arregla, y que nadie se fija en ella y por eso no se mueve en producirse. Acá no hago referencia a cambiar completamente su estética, sino pulir un par de aspectos solamente. ¿Qué pasa acá? La persona hace uso de sus fracasos o su ausencia de buenas experiencias para justificarse que nunca va a arreglarse para el agrado o deleite estético (¿y sexual tal vez también?) de otra persona. Ahora, eso lleva a que justamente se cumpla lo que dice: que sea un ente o que no llame la atención, ni siquiera que sea desagradable: simplemente que apenas se haga notar.

Ejemplo 2: Supongamos que una persona dice ser poco sociable porque todos le parecen una manga de estúpidos o cómodos que se dejan llevar por fuerzas que los dominan (sea por la economía, influencia social, bla bla bla). Eso es otro círculo vicioso: la persona se cierra porque cree que todos son estúpidos, y además no se abre a la posibilidad de conocer gente no-estúpida a su criterio (¿o al menos no tan estúpida?).

Ejemplo 3: Una persona se la pasa llorando todos los días porque fracasó en un examen y no quiere volver a rendirlo, porque tiene miedo a la humillación o al fracaso nuevamente. En parte se entiende, pero la persona puede llegar a aprender de esa experiencia e intentar nuevamente.

Médicamente sucede cuando las personas enfermas se sienten tan contenidas y que son el centro de atención cuando andan enfermas que nunca se curan o no salen adelante, prolongando su estado o condición patológica, pero de manera intencional. Aunque esto último no siempre es así, y acá hago referencia a una enfermedad rara: el Síndrome de Münchhausen, aunque esto ya es un trastorno en sí, y es bastante extremista, a tal punto de fingir síntomas (falseando pruebas médicas por ejemplo o actuando) para recibir constante atención. Una manera similar, pero en otros ámbitos más allá de la condición biológica de uno, es gente que llama la atención de otra insistiendo, molestando o queriendo que todo gire en torno a ella (por ejemplo mandando muchos mensajes, escribiendo estados en Facebook, reclamando a otras una prioridad alta en su vida)

Yo sostengo firmemente que todos tenemos algún complejo con algún asunto, y sé que no son fáciles de resolver. Conozco gente que recae en los mismos errores una y otra vez, y otra que está ahí quieta en un rinconcito (por poco en posición fetal) sin moverse de él por miedo a que le pase algo fatal. Acá incluyo a los cobardes, a los llorones, a los perdedores y a quienes se quejan de todo sin mover un dedo. También están quienes intentan por sí solos ("yo puedo solo", "no necesito ayuda de nadie", "voy a ver hasta dónde llego"), pero necesitan ayuda de otros, como también uno puede llegar a conocer casos de gente demasiado dependiente (como quienes se arrastran por otra persona o quienes tienen "mamitis aguda").

Una cosa que creo que no siempre es buena es regañar a una persona tan duramente o al menos no tan prematuramente, y en lugar de eso demostrarle de maneras indirectas o sin palabras, como con hechos ("facta, non verba" dirían los romanos), que existen muchas posibilidades, probabilidades o alternativas para uno superar una cuestión, para así flexibilizar, desestructurar o diluir ciertos afectos, conductas o pensamientos (muchas veces compulsivos) para ayudar a dicha persona. Aunque a otros, no voy a negar, una buena sacudida (o un buen caño en la nuca) como resonancia pueden beneficiarlo.

¿Estas personas tienen la culpa de todo? No, porque toda persona está condicionada (y a veces trágicamente determinada) por sus experiencias, logros, satisfacciones, penas y malestares, al menos por un tiempo (salvo que todo le de igual o algo así). 

Todos en parte son de mirar atrás el camino recorrido, quizá con un buen retorcijón de estómago o mordiéndose el labio, otros sin que se les mueva un pelo, y acá están implicadas directamente la sensibilidad y la fortaleza de la persona y la gravedad, intensidad o constancia del hecho. 

Tienen la culpa si insisten con la misma posición, siendo que se le presentaron alternativas que al menos podría intentar, y tienen la culpa también si no se atreven a aceptar o asimilar que la realidad no es como venían creyendo (cosa que podría molestarle por alterarles su miserable y futura vida planificada para ser la víctima). ¿Cuestión de comodidad muchas veces? Creo que sí...

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