martes, 21 de febrero de 2012

Los talentos: inteligencias múltiples

Obviamente que mi carrera condiciona el contenido de las cosas que escribo acá, y esta entrada es uno evidente. Mucha gente cree que la inteligencia se mide en "coeficiente intelectual" (la palabra "coeficiente" no es correcta, es "cociente" por cierto) o creen que es todo por número, y varios se sienten inferiores por no ser genios locos con batas de laboratorio o gente que tiene pizarras llenas de anotaciones. Ahora, ¿qué tal si hubiera otra forma de ver las cosas y de repente nos diéramos cuenta que podemos ser muy buenos en algo? Un autor, de apellido Gardner, proponía que teníamos más de una inteligencia, y que podíamos tener predominio en al menos una y estar un tanto flojos en otras.

A continuación describo las siete inteligencias que él propuso, con una descripción y ejemplos de cada una fácilmente explicados:

1) Inteligencia lingüística:

Esta inteligencia hace referencia a la manera de expresarnos por la palabra, sea de manera oral o escrita. Va desde la capacidad de poder convencer a otro con el discurso hasta poder describir con precisión sentimientos y pensamientos, y se incluyen escritores, narradores, poetas, etc.. Personas que tengan sobresaliente esta inteligencia son personas en general que les gusta hablar y/o leer bastante, o que al menos son muy precisas, rápidas o artísticas para expresarse por la palabra. 

2) Inteligencia musical:

Incluye desde personas que viven imaginando melodías hasta quienes pueden reproducir a oído o de manera sencilla melodías que recuerden. Son quienes también se expresan por la música, y son buenos generalmente manipulando tonos y ritmos. Obviamente acá entran los artistas musicales, ya sea como compositores o ejecutadores de notas. Si bien todos tenemos la habilidad de escuchar música, no todos saben reconocer si se equivocaron en una nota o en el ritmo, y no muchos tampoco saben componer melodías a voluntad o tocar un instrumento.

3) Inteligencia lógico-matemática:

Es la más famosa, la que hace que tontamente muchos consideren a alguien inteligente o no, bobo o brillante, y en general es la predominante en muchos sistemas educativos. Involucra tanto al capacidad de imaginar cosas que no han pasado como la organización de elementos o partes de un todo. La relación o asociación de conceptos abstractos también la incluyen, como la capacidad de hacer metáforas, comparaciones o leyes universales. Es básicamente, la mente de un científico.

4) Inteligencia espacial:

Tiene relación directa con la percepción del espacio, predominando la visión como elemento para la ubicación en él. Uno puede conocer distancias, medidas, imaginar objetos desde distintas perspectivas o torcer la realidad para crear una nueva. Hay un fuerte sentimiento de estética y solidez para recrear espacios como paisajes, lugares, ubicaciones. Esta habilidad generalmente está en los artistas que dibujan, pintan o hacen esculturas por ejemplo, o en personas que pueden ubicarse en un lugar con sentido de orientación (como la gente ciega entrenada). Recordar ubicaciones, doblar en tal lado o seguir derecho para ir a tal o cual lugar también la manifiesta cotidianamente.

5) Inteligencia cinestésico-corporal:

Hace referencia al uso de todo el cuerpo. Algunas personas son geniales imitando gestos o expresiones de otras, no solamente de sus rostros, sino también posturas o movimientos de manos y otros miembros. También está muy presente en gente de movimientos finos y conscientes, lo cual indica que no son para nada torpes. Se pueden aprender y recordar fácilmente secuencias de acciones o movimientos para realizar una tarea por ejemplo, como los deportistas con sus técnicas. Los mimos, los bailarines o los actores la usan bastante seguido, para coordinar para poder expresar su interior de manera práctica y concreta.

6) Inteligencia intrapersonal:

Es la capacidad de poder reconocer, vivir, aceptar y/o tomar consciencia de sentimientos, pensamientos y acciones propios, de entrar en contacto con nuestro mundo interno, de poder ensimismarnos (a veces patológicamente), de poder concentrarnos en nosotros mismos. Generalmente son personas reflexivas y muy profundas, o quizá también un tanto solitarias.

7) Inteligencia interpersonal:

Se complementa con la anterior, y es la capacidad de abrirnos al mundo social, de relacionarnos con los demás, de permitir que nos influencien o de poder expresar nuestro interior y/o compartirlo. Evita que nos ensimismemos como autistas y nos pone en contacto con la realidad cultural y social. Es la habilidad de poder llevarse bien con el otro, de abrirse a los demás y que ellos también lo hagan, sea con tal o cual recurso social. Son personas que inspiran confianza o que tienden a agradar fácilmente a los demás. Su exceso sería sobreidentificarnos con los demás o nunca tener un tiempo para uno mismo, diluyéndose en la masa social.

Para ir terminando:

Una manera de saber qué talentos tenemos referidos a tal o cual inteligencia es observarnos en nuestra rutina, en nuestros gustos o intereses, puesto que generalmente nos interesan o disfrutamos las cosas que nos salen fácilmente o que al menos no nos cuestan tanto. 

Si también nos damos cuenta, podemos notar que muchas personas que conocemos sobresalen realmente en sus talentos, o al menos son muy buenas en varias cosas (tanto que a veces nos dan envidia), como también hay gente tan pero tan genial que pareciera la máxima representante en ciertos rubros. Tampoco faltan quienes parece que nunca saben hacer nada o que son promedio o flojos en todo, pero creo que eso es una cuestión de haraganería o no reconocer todavía aquello en lo que podrían destacarse si así lo quisieran.

Dicen que todos tenemos una habilidad relacionada con alguna de estas inteligencias, solamente hay que encontrar cuál. De ser así, muy interesante sería que todos pudieran compartir su mundo interno con su manera particular de expresarlo.

Sé que ésta es la psicología que les gusta a todos, ¿eh?

sábado, 11 de febrero de 2012

La exclusividad de cada persona

Todos los días suelo escuchar comentarios en referencia a cómo una persona es o cómo debería ser. Los comentarios generalmente son comparaciones de un individuo con algún estereotipo o arquetipo querido por una persona, o también son básicamente planteos donde se compara a un sujeto con otro.

Creo que todo ser humano es, desde algún punto de vista, un conjunto de características, comportamientos o un particular producto mezcla de genes de dos personas. Ahora hay una cuestión: citando el principio de la Gestalt, "el todo es más que la suma de las partes", y citando una expresión vaga y simple en referencia a la sinergia, "dos más dos resultan más que cuatro". Intenten sacar las vísceras a una persona, su estómago y sus riñones no serían nada aislados, y no podrían formar algún sistema vital. Intenten mezclar rojo y azul a ver si quedan dos colores aislados y totalmente separables.

Como primera referencia voy a tomar la comparación de una persona con un personaje o un ideal de otra, viviendo en el interior de la persona que compara y juzga. Partamos de la base que los estereotipos se basan en parte por una realidad compartida por muchos, y no al revés, por tanto podemos afirmar que antes que lo general, en este sentido, hay cosas particulares, originales, propias y únicas que conforman algo general. No es justo que las personas anden solicitando a otras que sean como tal o cual modelo psicológico que tengan en su mente, al menos no de forma tan tajante y firme. Obviamente no todos vamos a estar relacionándonos con personas que no compartan nuestros valores, ideas o sentimientos, pero tampoco creo que sea para descartar totalmente a un ser humano por su ausencia o déficit de tales o cuales características cualitativas (si una persona es estúpida, original, inquieta, rubia, callada o alguna que otra característica aislada) o cuantitativas (altura, peso, edad biológica, "cantidad" de inteligencia o carisma que tenga, etc.). No todas las mujeres rubias son estúpidas ni todos los nerds son insensibles, como no todos los altos son buenos en deportes ni todos los políticos ladrones. 

Segundo punto a tratar del asunto: los vínculos con una persona. Bien, voy a primero hundir ese dicho estúpido de "un clavo saca a otro". Quien lo inventó era un despechado o carecía de inteligencia (o al menos no sabía usarla bien). ¿Por qué? Simple: una persona, cuando ingresa a nuestra vida, nos deja una marca, pero una marca muy particular en nuestro ser que queda allí, quizá como herida, quizá como cicatriz, pero es una marca irrepetible que nos deja. Si de repente las personas se tornan amantes de comparar a un ser humano con otro, como un/a ex o un amigo/a con otro, van mal, muy muy mal. Esto es por el simple hecho de que no es sano ni tampoco muy astuto intentar hacer pasar una cosa por otra, porque las cosas nos afectan de distinta manera por la naturaleza del objeto. Quizá lo más sano es aceptar que cuando perdemos algo tan particular como un ser humano, vamos a echarlo de menos, y un vacío no llena otro, porque una cosa perdida es esa cosa, y no un elemento fabricado en serie del que pretendamos obtener su molde, fórmula o proceso para poder fabricar otro, y esto es porque cada ser humano es diferente.

Tercer aspecto: la exclusividad con cada persona. Por supuesto que podemos compartir una misma cosa con más de un ser humano, sin dejar de lado la exclusividad o particularidad de la naturaleza de la relación que tengamos, y va desde un chocolate hasta tener sexo con la persona, pero esto muchas veces es relativo, y es porque ambas partes quizá consideren ciertos gestos, actitudes o posturas de distinta manera, y de ahí los celos o el vano intento de posesión de un ser humano respecto a otro. Quizá compartamos muchas cosas con todo el mundo, pero con cada persona, creo firmemente, compartimos algo único, ya sea un tema de charla constante o repetido, una manera de entenderse mutuamente, cierta cantidad de horas o deambular por los mismos lugares una y otra vez. Desafío a cualquier persona a que se acueste con otra, que vaya a comer un helado con otra o que charle de un tema interesante que con otra trataba, les apuesto lo que quieran que eso no los va a llenar ni va a ser igual, puesto que sería una experiencia insípida o muy distinta si la comparásemos con la experiencia original, dada por esa persona y no por otra.

La "justificación" de todo esto es también sencilla: somos humanos, metemos la pata, resumimos complejidades para no complicarnos mentalmente y somos haraganes a la hora de exigirnos a nosotros mismos respecto a otros muchas veces. Una actitud que podría ser interesante probar sería ir más allá de "lo que se supone que debería ser", de los ideales, de los modelos, de las secuencias, pautas o pasos esperables, normales, promedios o rutinarios con otro ser humano. Intenten seguir una rutina o método para romper el hielo con distintas personas: para algunas, van a ser aburridos, para otras estúpidos, para otras geniales o inclusive un comediante genuino.

Respecto a lo afectivo: muchas personas dicen "quiero más a tal persona", "la quiero distinto", "es especial". Bien, eso demuestra que no se necesita ser un genio ni rebuscar mucho que esa persona evidencia una exclusividad o particularidad (ya sea en su personalidad o en la manera que nos afecta su vínculo con nosotros). Yo creo que todos queremos a toda persona de una manera distinta, aunque las bases quizá sean primordialmente similares: un tanto de simpatía, afinidad, confianza, aprecio básico, respeto y demás. Pero a la vez creo que hay cientos de factores visibles o invisibles, directos o indirectos, que pueden ser mezclados entre al menos dos personas, y lograr múltiples e infinitos resultados, dejando sobre la obra, producto o como quieran decirle, las huellas digitales de ambos, que son irrepetibles, y eso hacen exclusiva a la obra, perteneciente a ambos autores.

Respecto a lo perceptivo/sensitivo: que dos cosas se parezcan no las hace iguales, que un sabor sea similar a uno tampoco, es similar, no igual. Reminiscencias, recuerdos y tomar como punto de referencia ciertas cosas para otras es normal, pero hay que aprender a distinguir y considerar independientemente las cosas, nos sean muy familiares o no. Inclusive cada día es diferente si sacamos la etiqueta de su nombre, y cada encuentro con un ser humano es exclusivo, se realice lo mismo en el mismo lugar, a la misma hora. Que haya una ilusión por la costumbre o el hábito es otra cosa.

Si nos dejásemos llevar por gustos en común por ejemplo, todos simpatizaríamos o querríamos a toda persona que los comparta, y sabemos que hay gente densa e insoportable que comparte cosas con nosotros. Si las consideráramos porque nos atraen estética y/o sexualmente, estamos reduciendo a los seres humanos a su condición biológica, que es un tanto de azar y que no puede compensarse o disimularse de manera ilimitada por una persona, intente lo que intente, y esto se refuta por el simple hecho de que dos personas pueden parecerse mucho (sean gemelos o con rasgos demasiado similares), y nunca vamos a querer a una persona exactamente igual o directamente proporcionar a sus rasgos si las ponemos a ambas para comparar. Muchas veces las personas admiten que querrían a una persona en particular, que tiene un "algo" que un clon suyo no podría tener jamás. Estos ejemplos exagerados y tontos demuestran que no se puede seguir un solo criterio para apreciar a otro y dejarlo entrar a nuestra vida.

Conclusión del asunto: antes de andar juzgando a la persona por nuestras ideas previas, deseos o necesidades por malcriados o exquisitos, mejor si consideramos aquello nuevo, propio, particular o inclusive interesante que un ser pueda ofrecernos, que rompa nuestros esquemas, sin intentar encasillarlo ni agruparlo en un conjunto de representaciones o valoraciones que tengamos en nuestra tan inmadura mente. Todos sabemos que cada persona, más allá de su nombre, la cantidad de veces que parpadea o el léxico que usa en general, tiene un, como ya dije, "algo", que la hace única, que trasciende meros accidentes.

lunes, 6 de febrero de 2012

Hábitos y costumbres

Sin intentar sonar como un biologicista, voy a afirmar algo que no es fácil de negar: el hombre es un ser de costumbres y hábitos. ¿Por qué? Porque nuestra mente/cerebro no tiene una capacidad ilimitada para pensar absolutamente todo al mismo tiempo, y lo mismo pasa con nuestra memoria y nuestra atención por ejemplo. Necesitamos que algunas cosas sigan siendo como son (o al menos creemos eso): esperamos que una piedra no deje de ser una piedra, que una persona siga usando el  mismo corte de pelo en general, y que la Tierra siga girando alrededor del Sol. Todo sería algo aleatorio o caótico de ser que todo cambia de manera substancial constantemente, ¿o no?

Obviamente todo cambia de alguna que otra forma, pero en general son cambios accidentales y no esenciales, aunque esos cambios, al ser generalmente estéticos y visibles, son los que más se notan con facilidad, aunque algo de las cosas permanece: su esencia o substancia. No quiero empezar con términos metafísicos y eso, así que voy a hacer planteos más generales y cotidianos.

¿Qué si te despertaras de repente en una habitación que no conocés en otra parte del mundo? ¿Qué pasaría si de repente te mirás al espejo y no te parecés en nada a lo que afirmaste que eras? ¿Qué si de repente el cielo es rojo y las piedras flotan? ¿O si los animales de repente comenzaran a hablar? Esas cosas uno dirá: "pfff, qué locura, las cosas esas no pueden pasar". Quizá no, pero... ¿qué llevó a esa respuesta? ¿la lógica precisamente? Yo creo que no, que fue la espontaneidad de reconocer una realidad constante que sabemos que hace mucho es así y que es imposible que cambie. Ese es un error que cometemos todos.

Las personas muchas veces estamos pendientes de ciertas cosas y otras no, e inclusive tenemos la seguridad o confianza de que ciertas cosas van a seguir siendo y no van a cambiar (o al menos no tanto como nos afecte), y es por eso que tenemos rutinas, hábitos, costumbres e inclusive, una identidad. Así de repente alguien nos parece un desconocido, una cosa pierde su sentido y valor para nosotros, o caemos en desesperación cuando algo que esperamos que pasase no sucedió, sea por esperanza o por la rutina.

Cuando conocemos a una persona en general tendemos, en nuestro concepto sobre ella, a ver aquella constancia en ella, tal como su altura, color de ojos, estado de ánimo, forma de hablar, cosas que le interesan o lugares donde la cruzamos. ¿Por qué de repente si alguien nos hablase en otro idioma o si cruzásemos un profesor en un lugar que frecuentamos nos sorprendería? Por ese prejuicio que tenemos, consecuencia directa de la costumbre.

Otra cosa a destacar es que por la costumbre tendemos a interesarnos en ciertas cosas y no en otras, o le ponemos ganas a algunas y sentimos que otras no valen nuestro esfuerzo, aunque sea mínimo. Ésto quizá suene tonto, pero desde el gusto de nuestra comida hasta cuánto vale tener un techo que nos proteja terminan diluidos en la inconsciencia, y es así que tienen que pasarnos cosas fuertes o inesperadas, como crisis, pérdidas y demás, para recordarnos aquello que tenemos o que tuvimos (creo que "Un cuento de Navidad" de Dickens lo refleja bastante bien).

El problema más grave es cuando dejamos de valorar muchas cosas, entre ellas objetos o personas, porque "nos aburrieron", "la relación se volvió rutina", "estoy harto de siempre lo mismo", "quiero algo nuevo", "me cansa lo mismo". De hecho, como dije en otra entrada mía, todos los días son distintos, pero nuestros hábitos y prejuicios por la costumbre son los responsables de que parezcan siempre iguales. Es más: apuesto a que muchas personas no podrían estar tranquilas si no supieran qué día o número es (aunque es entendible porque tienen obligaciones sociales que cumplir), ni tampoco estarían muy relajadas si no supieran qué hora es, ahí de repente el día es raro y uno se desorienta, ¿o no? Ajáaa: he ahí la experiencia de dejar de lado nuestros esquemas mentales rígidos que por años venimos llevando. Es casi igual a que nos quedemos sin casa y sin identidad: sentimos desconcierto, vacío y/o desorientación.

Dejando de lado ya esa cuestión, hay otra inversa: el aprender a valorar o el exceso de sobrevalorar algo por costumbre. Quien vive solo y anhela la compañía de alguien, va a valorarlo mucho más que quien la tiene siempre, pero también quien está malcriado a tener algo y degustarlo con algún sentido, aunque sea en su imaginación, no va a dejar de aferrarse a eso que posee hace tiempo. Mucha gente entra en pánico cuando no tiene su celular en su bolso o bolsillos, y mucha gente no se atreve a separarse de otra persona por miedo a tener que reestructurar su vida nuevamente o comenzar un nuevo estilo de vida. Con los valores y creencias es igual, y por eso las personas, como también ya dije en otra entrada, son reacias y agresivas para defender aquello que las sostiene como base durante un buen tiempo.

El equilibrio entre valorar, desvalorizar o sobrevalorar no es fácil, porque todos tenemos una vida distinta con necesidades distintas, pero el tema de la costumbre es bastante dañino y nos ciega, puesto que como ya dije, nos hace creer que todo sigue siendo igual. Creo que sin intentar ser el psicólogo o filósofo de nadie, puedo dar mi opinión personal, que es desestructurar lo más que podamos las cosas cotidianas al menos, para luego posiblemente replantearnos muchas cosas, como por ejemplo nuestro estilo de vida o aquellas cosas que nunca conocimos por haraganería o por falta de interés. Quizá un cambio en nuestra vida, como ir por otra calle inclusive, podría cambiarla para siempre. 

De todas formas es aceptable y entendible que las personas siempre se desplieguen dentro de un cierto margen que les da seguridad, porque tememos a lo desconocido y muchas veces no queremos desorganización en nuestra vida, la cual nos agota y nos produce mucha ansiedad. Sin embargo, quiero recordarles a todo que un bebé, existiendo en un mundo nuevo, aprendió a caminar golpeándose, y aprendió que algunas cosas son agrias o amargas probándolas. Ojo, no estoy diciendo que probemos hongos o drogas, ni que tampoco participemos en orgías o asesinatos para "cambiar nuestra vida", sino considerar abrirnos a otras posibilidades, por más que parezcan tontas: probar otra comida, escuchar música diferente, conocer nuevos lugares, reconsiderar cuánto valen aquellas personas que apreciamos y cuánto realmente creemos de verdad en algunas cosas, dejando de lado la postura cómoda de "me funcionó siempre", "no quiero cambiar eso", "no quiero alejarme de eso", "mi vida está bien así, no quiero nada que la cambie". 

Ahora viene la parte clásica de la conclusión: no nos dejemos cegar por la costumbre y el hábito, intentemos vivir cada día como uno totalmente distinto, dejemos de lado las etiquetas como "son las 7:45", "es martes", "es mi papá": veamos a un ser humano que va más allá de un rol social, aprendamos a ver que la Tierra sigue estando estable en un universo gigantesco, y aprendamos a valorar que un minuto son millones de instantes en los cuales tenemos sensación y consciencia de ser. Sé que dudar, desconfiar y cuestionar no es fácil ni divertido ni cómodo, y que también es un conflicto con nosotros mismos, pero creo que muchas veces, realmente vale la pena.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La fantasía

Yo creo que una de las cosas que agradezco todos los días realmente es que ella exista. Todos necesitamos un tanto de ella y la utilizamos o poseemos en distintos grados o intensidades.


¿A qué me refiero con "fantasía"? Sin querer meter una definición muy filosófica o psicológica complicada, voy a decir que la fantasía es la capacidad que tenemos de evocar algo donde no está, utilizando elementos y mezclándolos entre sí para crear una cosa y poder experimentarla con al menos un sentido en nuestro interior.



Sé que hay personas que son mal vistas o juzgadas como infantiles o inmaduras por ser muy fantasiosas, y quizá es porque esas personas no están muy conectadas por la realidad: quizá porque les aburre, quizá porque no están listas para vivirla, o porque simplemente su naturaleza es así. También hay que afirmar que hay personas que son muy "creativas", "ocurrentes", "imaginativas" o como dicen popularmente hoy día, "flasheras" o "bizarras" (mal usada la palabra pero no voy a centrarme en esto ahora). Tampoco digo gente psicótica que se crea un superhéroe que puede volar y se tire de edificios, aclaro, sino que me refiero a gente que sabe que está en un mundo paralelo o alternativo y que la realidad está apremiando por alguna parte, por más que la estén esquivando, es decir: que están consciente de ella en algún grado mínimo.


La fantasía nos rodea constantemente y siempre sirvió a los seres humanos desde sus inicios. Imaginaban dioses, criaturas de la noche peligrosas, melodías o utopías cuando las cosas eran misteriosas o duras. Se elevaban a través de signos y símbolos de una realidad concreta, firme, que se imponía sobre ellos y que a veces no les daba aquello que necesitaban. Obviamente tiene su base material porque tampoco es que creamos al 100% algo, sino que necesitamos aunque sea de estímulos previamente materiales. Respecto a lo útil, es muy relativo, ya que depende la situación y la persona, pero podemos afirmar que muchos la usan pésimamente o que de hecho la desperdician al no usarla (al menos no muy seguido).



¿Dónde se puede ver la fantasía concretamente? Bueno, está lleno de ejemplos: en personas soñadoras, en inventores, poetas, filósofos, dibujantes, personas precavidas, etc. etc. etc. ¿Ejemplos más concretos? Cuando alguien imagina algo que podría suceder, cuando divide imaginariamente una cosa en sus partes más ínfimas, cuando crea una historia para entretenerse o cuando tiene un diálogo consigo mismo. 


De hecho, si se fijan bien, las personas siempre usamos la fantasía para poder imaginar o concebir lo que el otro muchas veces nos comunica, que va desde lo que hizo en el día hasta una situación totalmente hipotética. Dar un consejo o una opinión la exige, y como es una mezcla tan original todos tenemos maneras distintas de imaginar o elaborar una idea, una escena, un sonido, una sensación. También las personas más interesantes o entretenidas son en general las personas espontáneas que cuentan siempre historias con colores, que hacen chistes ocurrentes o que pueden deducir y/o comprender cómo el otro se siente poniéndose en su lugar. 


Ver películas, leer libros, dibujar, escuchar música hacen que nos salgamos de lo concreto y que muchas veces es mudo y falto de colores o sensaciones que necesitamos, y es por eso que usamos lo lúdico, la recreación: nos dejamos atrapar por una historia, nos identificamos con personajes de una historia, imaginamos que estamos en un escenario tocando algún instrumento de alguna canción y demás. 



¿Todos tenemos la capacidad de aplicarla? Sí, pero no en la misma cantidad o para las mismas cosas. De hecho eso va ya en el tema de las distintas inteligencias y talentos que todos tengamos, y por eso hay buenos músicos pero pésimos escritores, personas que son muy buenas hablando pero torpes escribiendo, o que inclusive son muy pobres para imaginar cosas graciosas pero geniales para crear teorías. Todo va en el ejercicio y el don de la capacidad de producir y reproducir elementos y realidades y conjugarlos para lograr algo totalmente nuevo o al menos modificado respecto a su forma originaria. 


Si te gustan los superhéroes o componer melodías, sos fantasioso, y si te gusta recordar historias o introducir modificaciones a ciertas cosas, también, por más que no lo hagas la mayoría del tiempo, y acá todos compartimos la misma condición. Ahora, ¿por qué las personas a veces se desagradan o no encajan en esto si todos la tenemos? Fácil: porque no a todos nos interesan las mismas cosas o a veces tenemos muy poca o demasiada fantasía para otro, y eso puede producir desde indiferencia hasta desagrado. Hay estereotipos de personas fantasiosas que saben trascender la realidad en todos lados, y van desde los nerds hasta quienes viven disfrazados de un personaje de anime. Los científicos locos y las chicas románticas soñadoras tampoco quedan excluidos de estos personajes tan populares.


La gente "común" u "ordinaria", o para sonar menos ofensivo, la gente "promedio", también lo es, simplemente que usan su imaginación por ejemplo para otras cuestiones, y no hacen tan explícito ese uso (o abuso) de fantasía, quizá volcándose a cosas banales de la vida cotidiana. El que tiene una fuerte influencia de la fantasía sobre sí, como ya se dijo antes, termina siendo en general un personaje que se destaca de la mayoría, yendo generalmente al ridículo o a extremos, como les pasa a las personas excéntricas. 


El problema es éste: muchos asocian la palabra "fantasía" a cosas como dragones, elfos o princesas, siendo que imaginar qué va a pasar en la telenovela de la siesta y cómo organizar tu pieza para que quede más agradable a la vista también son usar la fantasía en alguna de sus formas. Además todos elaboramos "teorías" de los otros al ya preguntarnos cómo andarán o el porqué hicieron o dijeron tal o cual cosa, ¿no? La fantasía la usamos muuuy seguido, pero la cuestión va en qué cosas las usamos: si en tratar cosas cotidianas o en crear, por ejemplo, un universo alternativo plagado de leyes y seres no reales. El abstraer o el recordar son un uso muy común de ella, y hasta el manipular o dominar conceptos y elaborar complejas fórmulas matemáticas es servirse de esta dimensión inmaterial.


¿Qué quise hacer con esta entrada que escribí? Recordar lo importante que es la fantasía para entretenernos y distraernos, y cuán importante es también para relacionarnos con otros y nosotros mismos, además de poder comprender, entender y hasta manipular la realidad, sea la cotidiana o no. También diferenciarlo del prejuicio que está fuertemente presente en gente infantil o aburrida solamente, para poder justificar que es una palabra mucho más rica que "imaginar" una cosa o ser meramente un "soñador". Quien usa la fantasía, se podría decir, está lleno de vida y energía.