domingo, 25 de marzo de 2012

Los dolores de cabeza de la estética

Como varios que leen este blog ya saben (o al menos pudieron darse cuenta supongo), tengo una especie de habilidad de complicar todo por análisis, y el tema estética nunca pude abarcarlo exclusivamente en alguna de mis entradas, así que como hoy llueve y justo ando pensando voy a aprovechar volcar todas mis ideas.

Vamos con definiciones de la palabra "estética" de la RAE:
2. adj. Perteneciente o relativo a la percepción o apreciación de la belleza.  

3. adj. Artístico, de aspecto bello y elegante. 

6. f. Armonía y apariencia agradable a la vista, que tiene alguien o algo desde el punto de vista de la belleza. 

7. f. Conjunto de técnicas y tratamientos utilizados para el embellecimiento del cuerpo.
Listo, ahora saben a qué acepciones me voy a limitar y referir en esta entrada para evitar malentendidos. Y agrego que no voy a referirme a cuestiones artísticas, sino a corporales o de belleza física, al menos en esta entrada.

Primer punto: ¿qué persona es "linda" y qué persona es "fea"?:

Oh, ¡gran pregunta! E incontestable por cierto. Si bien no soy un experto de estética y no creo tener un sentimiento fuerte para sensibilidad estética muy desarrollado, puedo decir con total seguridad que eso muchas veces es relativo. Si bien hay cosas que agradan a las personas de manera casi universal, como un rostro bonito, un cuerpo equilibrado o "aceptable", hay atributos físicos que a muchas personas pueden excitarlas, pero a otras producirle rechazo o directamente indiferencia. ¿Por qué? Yo creo que nosotros vamos desarrollando conforme a nuestras experiencias un gusto o preferencia (o tendencias si les quieren decir) a cosas que nos atraen o agradan. Agradar no siempre nos va a producir una atracción, pero ayuda bastante. 

Esto se ve con frases populares y vulgares cuando las personas opinan de las otras, que pueden ser desde "me encanta, es hermo@" hasta "tiene lo suyo", sin dejar de lado los famosos "no es mi tipo", "es lind@ pero no me cae bien" o "a tod@s les encanta [inserte nombre de persona acá]". Por eso sostengo que es relativo todo el asunto y que tampoco se puede juzgar demasiado los gustos de otra persona, si bien hay cosas que tienen por lo visto una cualidad que sean atractivas/agradables para una gran mayoría, pero como el ser humano es raro y sortea leyes universales siempre hay al menos una excepción.

Las personas, además creo, por más que lo nieguen o les cueste verlo, tienen un sentimiento estético respecto a otras si tienen que aplicarlo, por más que no tengan las explicaciones concretas de porqué un rostro es pasable, bonito o hermoso para ellas, o porqué un físico es aceptable, normal o sexy. Y acá no me refiero a los del sexo/género que les atraiga, sino también al que pertenecen: si uno sabe contemplar o apreciar la estética propia, debería saberlo hacer en otro congénere, y no, no es precisamente ser homosexual y bla bla: es simplemente intentar ser objetivo.

Algunos rasgos hacen una combinación o totalidad agradable en algunas personas, pero puestos en otra quizá no, y esto es porque hay que ver la totalidad de la persona, que hablando bien específicamente, está conformada, por ejemplo, por el tamaño de su nariz, su proporción a sus ojos, el tamaño de los iris de los mismos, lo arqueadas que están sus cejas, el ancho de su sonrisa y otros factores que algunos rebuscadamente absolutizan por sobre los otros. Por ello un busto puede quedar bien en cierta chica, pero en otra quedaría aleboso, y quizá también un color de piel en cierta persona resalta ciertos rasgos suyos y oculta o disimula otros, que en otra persona pueden producir efecto contrario.

Segundo punto: ¿Lo estético influye en los afectos?:

Bueno, tristemente, sí. Dice por ahí una frase que leí: "una chica te enamora/la amas porque es hermosa", y luego otra que refutaba la misma: "porque amas a una chica es que es hermosa". En realidad, por lo visto, es de ambas maneras: muchos vínculos de todo tipo pueden surgir por una atracción o aceptación estética del otro (rostro, físico, aroma, forma de vestirse o peinarse, colores que usa, timbre de voz, etc.), o justamente, por dedicarle aprecio y/o atención al otro se pueden contemplar aspectos previamente ignorados o denigrados, por la costumbre o por aprender a "ajustarse" a la apariencia del otro.

Aclaro que aceptación de la estética del otro no es atracción exactamente en mis términos, sino es un no-rechazo o no-repulsión ante el otro. La atracción ya es algo que nos empuja o acerca al otro, quizá porque está de un nivel "aceptable" para arriba. 

Ahora, volviendo a la pregunta de este punto: muchas personas creen enamorarse por ejemplo, ¿pero qué si la persona tuviera otras cejas, ojos o nariz? ¿Qué si se operara o tuviera un accidente que arruinara o marcara su rostro? ¿Qué si la persona engorda o adelgaza por tal o cual cosa? ¿Van a seguir queriéndola? Yo creo que si el aprecio es a la persona en sí, esas cosas se ignoran o uno las acepta. Como dicen en un fragmento de El Banquete de Platón:
"Y es pérfido aquel amante vulgar que se enamora más del cuerpo que del alma, pues ni siquiera es estable, al no estar enamorado tampoco de una cosa estable, ya que tan pronto se marchita la flor del cuerpo del que estaba enamorado, ‘desaparece volando’, tras violar muchas palabras y promesas. En cambio el que está enamorado de un carácter que es bueno permanece firme a lo largo de toda su vida, al estar íntimamente unido a algo estable."
Oh, y ni hablar de quienes confunden excitación sexual con mociones afectivas dirigidas a la otra persona, ¿eh?

Tampoco podemos olvidar que lo estética hace que llamemos la atención y así se fijen en nosotros, digo: no es lo mismo una tipa que siempre se está tapando entera por poco disfrazada como ninja o como mujer oriental, siendo visibles sus ojos solamente, que una que usa bikini en la playa. Tampoco hablemos de esos que se paran mal o que viven encorvados, que no exhiben algún posible estado físico más que aceptable. A esto agreguemos que una persona que tenga dos dientes en toda su cavidad bucal, tres ojos o una nariz excesivamente grande tampoco van a hacer que nos podamos sentir atraídos afectivamente al otro, y ahí frases duras o crueles como "no l@ toco ni con un palo" o "¡Qué fe@ pobreee!".

Tercer punto: ¿tu opinión sobre tu estética vale para todos?:

Ya sé, acá me van a decir "obvio que no", "pero qué pregunta tonta". Ja-ja-ja. Entonces si es algo que no debe discutirse o que es obvio: ¿por qué las personas se acomplejan tanto o se ponen a pensar a veces si están presentables por fuera y dudan de su propio juicio? O sino, ¿por qué a veces tan confiadas se basan en su auto-percepción- que están bonitas o pulcras- siendo que quizá terminan inspirado opiniones bastante dispares a su alrededor? Ups, acá parece que no hay una respuesta a esta cuestión tan banal, ¿eh?

Como ya dije, con el tiempo, y ya sea por experiencias o porque los otros nos enseñaron, tendemos a tener hasta modelos internos (a veces estúpidamente excesivos) de qué es bonito, aceptable o pasable, o inclusive qué es ideal o lo mejor que podríamos esperar que otro posea, y acá también voy a citar frases: "me gustan l@s alt@s", "si la persona no es rubia no me va a gustar nunca", "tiene que tener buena espalda", "tiene que tener lindos ojos", "si no tiene buen busto- (palabra suplente "busto", obviamente) -no me va a excitar nunca".

Eso, indiscutiblemente, es reducir a una persona a una cuestión genética y hereditaria, y muchas veces involuntaria de la persona, porque no tiene la culpa de tener en su código genético tales o cuales atributos potenciales o no-desarrollables. Ahora, ¿eso significa que una persona está condenada o limitada por sus genes? Sí y no, sí por lo que dije previamente, pero no porque puede modificar su cuerpo parcialmente, o al menos usar tinturas, maquillaje y hasta cirugías para su cara por ejemplo, ¿no?

Odiate a vos mismo si querés, decite que sos feo o desagradable, pero otra persona y sus necesidades y percepciones, pueden decir otra cosa, puesto que realmente tienen una valoración o visión distinta de vos. Y acá no digo que se nieguen aspectos ni se tenga mala visión: simplemente que puede poner énfasis en cosas que uno está acostumbrado y no valora, por tanto verse al espejo, o ignora aspectos que uno podría tener bien presentes que hasta veces angustian. Por tanto: no pretendas que los otros te vean como vos querés, al menos no al 100%...

Cuarto punto: ¿es la estética un sacrificio?:

Y... muchas veces sí... y es porque hay que mantener o mejorar lo que uno quiere seguir teniendo durante un buen tiempo. Ejemplos: lo que son vestigios de garras son cosas que se pueden pintar, las personas se arrancan de sus cuerpos aquellas cosas que alguna vez nos protegieron necesariamente del frío, van a gimnasios para simular haber hecho un ejercicio natural y ganar forma o estado, hacen dietas para subir o bajar de peso, cortan sus cabellos de ciertas maneras y dejan otros largos para tener "estilo", existen profesiones como estilistas, cirujanos o maquilladores, y remarcan o cuidan sus rasgos con cremas y pinturas.

Algunas personas por lo visto son bonitas o al menos no-desagradables, y sin cuidarse mantienen un estado aceptable o atractivo para una cantidad considerable de personas. Otras, sin embargo, tienen que constantemente luchar hasta con su propia naturaleza genética para llegar a ese ideal o modelo al que quieren intentar acercarse.

Las mujeres se quejan de los tacos, los hombres se pueden sentir inferiores si no tienen buenos brazos o pectorales, y otras personas se quejan de que no tienen ojos claros o labios carnosos, y creo que esto demuestra la condición y naturaleza estética, que cumplen un papel importante para la vida social, la imagen de uno mismo, y de los demás.

¿Conclusión? Bueno, son varias, pero la principal sería que todos tenemos una condición estética condicionada o determinada por modelos, estereotipos, valoraciones o medidas de lo que es bello, lo que podría serlo, y lo que no.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Injusticias: celos, envidia y otros afectos

Lo sé, el título no es para nada llamativo ni tampoco motiva mucho a querer leer y reflexionar simultáneamente sobre estos asuntos, pero es algo que realmente quería tratar puesto que lo considero bastante típico y común en nuestra vida, aunque sea en nimiedades: los sentimientos de celos, envidia, rabia, angustia o frustración, que dan su toque o presencia ante injusticias o parcialidades de parte de la vida (o de las otras personas). Obviamente, como siempre, voy a dar ejemplos para ilustrar lo mejor que pueda mis ideas en este planteo, para compensar un tanto que a veces me voy por las ramas.

No voy a andar dando definiciones universales o muy completas de sentimientos tales como envidia, celos, frustración y demás, porque todos los conocemos, al menos por sentirlos y no por tener plena conciencia de ellos. Prefiero en cambio expresar los posibles efectos o causas de estas experiencias poco agradables y simpáticas que vivimos, pero que sin embargo, si sabemos interpretarlas y aprovecharlas, nos van a enriquecer mucho para conocernos a nosotros mismos, y para inclusive comprender a los otros y poder relacionarnos de una manera más certera.

La envidia y los celos, por ejemplo, son sentimientos que no se tienden a admitir enseguida, y no me refiero a hacerlos explícitos o asumirlos con al menos un testigo: incluyo también a nuestro propio ser, y de hecho a veces estamos en constante negación o totalmente seguros que no los experimentamos, desafiándonos a nosotros mismos que tal cosa (que supuestamente no existe) no debería sentirse por ahí dando vueltas. ¿El motivo? Quizá orgullo, quizá ignorancia, falta de auto-conocimiento, etc... en fin: el humano es imperfecto y esta es una de sus imperfecciones. A diferencia de ellos, la frustración y la ira,  se ven bien claros, por ejemplo cuando uno rechina los dientes, frunce el ceño o golpea algo con bastante fuerza.

Sé que tampoco es un tema que se quiera tratar o analizar mucho en charlas cotidianas o a la hora de hablar con otros, pero creo que el problema principal de muchas personas (casi todas diría yo) en ciertas situaciones, es no admitir estas vivencias o ser sometidas a ellas esperando a que simplemente pasen y no dejen un rastro o huella. ESE para mí es un gran error, repito, puesto que hay cosas que no pueden negarse y de las cuales se puede aprender mucho.

Bueno, ahora sí, vamos a ejemplos no muy concretos (sino muy generales):

1) Imaginemos que nos prometieron algo y nos predispusieron, es decir, nos dieron esperanza, debido a que (por ejemplo) en cierto lapso de tiempo o el cumplimiento de ciertas condiciones vamos a ganar u obtener algo nuevo y/o gratificante para nosotros (depende qué sea, cuánto lo necesitemos y cuán sensibles séamos). De repente notamos que eso que nos fue prometido (por más que a veces sea algo tonto) no va a poder ser otorgado. ¿Qué consecuencia esperable sucede? Decepción, frustración, ira o rencor, tanto a la vida como a quien nos ilusionó. Ni hablar de la humillación o vergüenza si hay unos cuantos ojos que presenciaron el momento y la promesa previa. ¿Una persona que prometió estar con otra para siempre y al final la deja, o un salario bastante reducido al acordado en el contrato les suenan familiar? 

Como verán, este asunto puede abarcar e influir en situaciones donde se hallan involucradas emociones tiernas y/o profundas como situaciones cotidianas y un tanto obvias que a todos les van a suceder. Posiblemente el problema es que gastamos tiempo y energía en estructurarnos, en hacer un espacio en nuestra vida (y dentro nuestro) para abrazar ese objeto y poder recibirlo e incorporarlo, pero de repente vemos que nuestros brazos se extienden vanamente y que el espacio que reservamos va a quedar sin llenarse, salvo con decepción u otros sentimientos, que a veces, pareciendo tener vida, ocupan ese lugar para ponerse cómodos y gritar.

2) Vemos que una persona posee aquello que quisimos o anhelamos, aunque sea por una tonta fantasía, aunque fuese ilusa (o que al menos tiene algo muy parecido o similar a ello). ¿Qué reacción origina esto en un ser humano? Bueno, depende de su estructura: si es un sociópata es capaz de ir a matar a la persona para obtener dicha posesión, y si es una persona un tanto cuerda o que sabe controlarse, va a azotar sus puños repetidamente contra algún objeto inanimado, pero sin escapar a la envidia o celos.

La cuestión es que las personas creen que muchas cosas que necesitan, son esclavas o servidoras de necesidades/caprichos/deseos sempiternos, pero otro problema de esto radica en que nuestras necesidades, queramos aceptarlo o no, cambian con el tiempo, aunque muchas son esenciales y justamente hallamos algo que puede saciarlas. ¿Algo más concreto? Dudo un adulto llore por un helado de un gusto específico, salvo que sea un malcriado, y dudo una persona necesite tanto de otra persona como alguna vez lo hizo, quizá porque maduró o porque el vínculo cambió. Nuestras valoraciones y creencias cambian, lo cual no debería extrañarnos a la hora de considerar el porqué ciertas cosas nos afectan y otras no, en este caso: el poseer algo o no, tenerlo cerca o no.

3) ¿No te rendiste y seguiste esforzándote en adquirir algo porque creés que lo necesitás o por al menos curiosidad, y además no lo obtuviste? Bueno, esto es muy penoso y doloroso, y conmueve a todo ser humano que presencia semejante desgracia acontecida a un par existente. Acá es donde la frustración, el rencor o la ira hacen más presencia que los celos o la envidia. La frustración de no poder sortear un obstáculo, la rabia de no poder realizar algo porque no tenemos la capacidad de o el rencor intramitable (al menos temporalmente) ante algo que se mofó de nosotros son muy comunes, y creo que muchos sienten vergüenza ante ellos mismos de ya albergar estos sentimientos y emociones, concebidos muchas veces como parásitos o invasores externos que perturban nuestro ser.

A veces particularmente hay situaciones injustas que me producen los tres tipos de ejemplos, y simplemente tomé conciencia - perdón por hacerlo tan personal, pero imagino a varios les pasó lo mismo, al fin y al cabo, somos humanos y compartimos más de lo que creemos - que hay cosas que no pudimos tener, que no vamos a tener y que posiblemente dejemos de sentir como necesarios o anhelables en algún punto de nuestra vida. También recuerdo con mucha pena cuántos planes o ideas tuve para un futuro con la presencia de alguna cosa que en el momento consideré como totalmente indispensable para mi vida, y que, penosamente, hice espacio para ella, siendo que quizá me dejó plantado durante muchos instantes, sin nunca acudir a su compromiso. 

No digo que la vida sea injusta constantemente y para todos, pero no somos omnipotentes y tenemos que, muchas veces, agachar la cabeza y admitir que estuvimos pendientes de tales o cuales asuntos, de tal o cual persona, de tal o cual objeto, por más que nos haga sentir patéticos o mediocres. Sé que muchos lo tienden a asociar a cosas románticas y demás, porque son los ejemplos más famosos, pero yo quiero que vean más allá de eso: hablo también de algún proyecto, algún evento al cual quisimos asistir, al esperar poseer un cuerpo más grande, más fuerte y más sano, o a que nuestras irregularidades o excesos pudieran hallar su equilibrio y hacernos sentir menos desagradables.

Sin embargo, rescato que nuestra sensibilidad (si somos malcriados o unos resignados ascéticos a todo placer o gusto en la vida) y nuestra forma de concebir las cosas (aquello que vemos o consideramos relevante o necesario para nosotros) influyen demasiado en cómo podemos llegar a elaborar o asumir situaciones injustas o crueles. A algunas personas les duele cómo hay hambre y una pésima distribución de la riqueza en el mundo, siendo que a otras les molesta profundamente que una persona no las trate tan bien como suele o solía tratar a otra, y quizá ambas cosas sean reprochables, puesto que no hay una escala muy precisa o clara de qué es lo más importante o relevante para nosotros, en tal momento o en tal situación de nuestra existencia.

¿Conclusión? Ante las injusticias o parcialidades de las personas y las situaciones de la vida, hay que saber aceptar que no siempre vamos a recibir lo que pedimos/queremos/necesitamos (al menos temporalmente), pero que posiblemente, tengamos o poseamos cosas que otros sí anhelan, y la tonta costumbre nos cegó de ello, digo: no creo que todos séamos tan desgraciados, al menos tenemos una PC para poder leer esto, ¿no?. Como diría Goethe, "nadie abraza firmemente lo deseado, pues siempre estúpidamente deseará otra cosa con más fuerza dejando de gozar aquello a lo que se ha acostumbrado"