miércoles, 27 de junio de 2012

Manipulando a los demás

No hay que ser un sociópata con cuchillo en mano, un hombre de negocios con una sonrisa retorcida, un buen actor que finge lágrimas ni algún que otro estereotipo famoso de manipulador para serlo realmente . En realidad, si lo pensamos un poco, es una "herramienta" en la vida cotidiana de la cual nos servimos, a veces sin culpa o remordimiento, o a veces con una cantidad tal que podemos soportar o perdonarnos en caso de sentirnos mal.


Si uno se pone a observar "en frío", las personas constantemente estamos influyendo de manera directa o indirecta en la vida del otro en cualquier aspecto, y eso es porque somos blandos y plásticos, maleables a influencias y necesitamos sentir, quizá, que somos efectivos, autores, actores y activos con el mundo.


Primero de bebés vemos que podemos juntar las cosas, presionarlas, acercarlas, alejarlas, romperlas, repararlas y demás, lo mismo a nivel intelectual cuando creamos, torcemos, modificamos o juntamos o separamos conceptos e ideas. Pero esta entrada quiero dedicarla a cómo lo hacemos entre las personas, y para ser más "ordenado" (realmente, escribo un descajete de cosas, hasta yo lo noto), voy a dar ejemplos comunes que podemos ver seguido.


Cuestión estética:

1) Una chica que va a una fiesta bien vestida, arreglada, maquillada y bla bla bla no va con intenciones quizá de encantar a todos y tenerlos de sirvientes, pero sí con intenciones de que noten que está ahí, que tiene qué mostrar y que le gusta verse bien y cuidarse, o al menos que tiene un cierto gusto o tendencia en su dimensión estética. Las chicas si bien buscan muchas veces arreglarse para sí mismas, lo hacen sabiendo que va a haber un tercero presente, que en silencio aprueba o desaprueba su juicio respecto a ella misma y qué es "bello" o qué no. Uno, así, está influyendo en el otro sin darse cuenta, e inclusive puede producir un llamado de atención o por ejemplo tensión sexual. También pueden surgir comentarios o referencias a una persona por cómo se mostró en tal o cual lugar.

2) Tomemos sino el ejemplo de alguien que va a buscar trabajo y lee o estudia técnicas para "comprar" al empleador: bien vestido, seguro de sí mismo, pulcro, con buen vocabulario y modales, ubicado, con gestos y expresiones leves o moderados, etc. Eso, ya es influir al otro para demostrar el estado o condición de uno, y por eso quizá muchos dicen "la primera impresión importa", "muchas cosas pasan por los ojos", etc. etc. etc. Uno no va a ir despeinado y en pijamas a pedir trabajo sin sentir vergüenza, ¿no? 


3) También podríamos considerar la gente que va al gimnasio a enderezar su cuerpo o incrementar su masa muscular (¿o disiminuir su grasa?). Muchas veces lo hacen por salud, pero también para ganar auto-estima y verse bien, además, si somos sinceros, las personas tienden a atraerse con todo tipo de intenciones por el físico y cómo se mantiene uno en su aspecto.


Cuestión afectiva:


1) Cuando una persona se interesa en otra por tal o cual motivo, tiende a hacer el famoso "tire y empuje", y eso se ve en por ejemplo llamar la atención de alguien, desaparecer, y ver si el otro sigue el juego, y es porque uno busca comprobar si le importa a la persona, o en un sentido más "sádico", busca hacerse extrañar y brillar por su ausencia.


2) También se puede ver en personas que constantemente intentan auto-humillarse o auto-flagelarse públicamente en un show para captar contención y cariño ajeno, al igual que con la falsa modestia, uno por fuera niega tener ciertos atributos o fortunas, pero en el fondo los cree tener y le gusta que se los recuerden. Quizá por esto muchas personas se enfadan si otra nunca le señala o recuerda las cosas buenas que tiene (tanto por fuera como por dentro, cosas superficiales como profundas). No me refiero a lo estético solamente, sino a cosas de la personalidad de uno, que buscan causar lástima, pena, compasión, ternura o atención en el otro: "soy mala persona", "soy insoportable", "nadie me quiere" y demás.


3) Tomemos el caso contrario: halagar al otro o endulzar sus sentidos (generalmente con palabras y gestos táctiles) para poder obtener algo de esa persona (ya sea algo material o inmaterial), y allí es donde surgen las expresiones y palabras como "ablandar", "endulzar", "engatuzar" al otro, por medio de palabras y gestos buenos, tiernos y/o amables que lo conmueven. La persona termina cediendo con una sonrisa y se entrega al otro de alguna forma, lo cual la pone en una posición vulnerable (ya sea porque confía, porque obedece o porque cree en el otro o lo que le dice). No voy a nombrar alguna "recompensa" específica porque puede aplicarse a muchísimas cosas de la vida, que van desde un helado hasta un abrazo o un beso de alguien. También con esto se relacionan la persistencia y perseverancia de una persona en "luchar" por obtener lo que quiere, mostrándose terco y firme en lo que se le antoja obtener/degustar/poseer. Acá también puedo incluir a la gente simpática, tierna, dulce, como a la gente graciosa que sabe romper el hielo y sacar charla y entretener al otro.


Cuestión de poder y posicionamiento:


Instintivamente, tendemos a ser agresivos para avanzar, extendernos, crecer o imponernos sobre alguna cosa y "dominarla", por ejemplo al desenvolvernos con y en el mundo. Pero en las personas se nota cuando tenemos ciertos estados de ánimo agresivos, cuando miramos maliciosamente, cuando hacemos cara de malo, cuando fruncimos el ceño o cuando mostramos los dientes a alguien. A veces tendemos a producir miedo o respeto en el otro para neutralizar ciertas influencias suyas sobre las nuestras, para nosotros dominar o estar "por encima", y esto se ve en competencias con los demás, como en el trabajo y las jerarquías institucionales. Uno impone un carácter firme o fuerte, fiero o activo, para demostrar que no es "débil", "blando", "influenciable", "manipulable", para intentar denotar "fuerza", "independencia", "autonomía" y demás. Si en la adolescencia un chico putea a sus padres y demuestra con algún tipo de rebeldía que puede solo, en la adultez lo mostramos con varias cosas, más a la hora de intentar no sentirnos sofocados por los demás o por las presiones externas. Algunos se desquitan golpeando cosas, otros gritando, otros criticando corrosivamente, va en cada uno.


1) Las personas criticonas, que tienen lengua plateada y afilada (o venenosa) como dicen por ahí, son bastante agresivas y marcan su espacio personal y su vitalidad para mantenerse firmes en ciertas cuestiones (debates de orden intelectual, la manera en que se manejan en su vida, etc.)


2) Las personas violentas físicamente, juegan con el instinto de miedo, de supervivencia, de auto-conservación de la vida, y directamente amenazan o ejercen con violencia para poder obtener o mantener las cosas como ellos quieren o necesitan. Es difícil ver que alguien no se defienda de los golpes de otro ni que esté libre de adrenalina en situaciones críticas: necesitamos manipular el medio para adaptarlo a nosotros cuando nosotros no podemos hacerlo.


3) Las personas que buscan admiración y reconocimiento (o fama) también son agresivas, porque buscan sobresalir del montón (con méritos y logros) e influenciar en los demás de tal manera que puedan ocupar algún lugar privilegiado o especial aunque sea en su cabeza. Así se logra llegar por ejemplo a altas jerarquías o a ser un maestro de multitudes (sea digno de serlo o no).


Resumidamente: una histérica es manipuladora, una persona que a veces luce demasiado bien también, y quien tiene habilidades sociales para romper el hielo o endulzar o hacer reír al otro, está manipulando, más si es consciente de ello, y no tiene por qué ser algo negativo, cruel o violento. Todos, se podría decir entonces, nos valemos de la manipulación de los demás.

lunes, 25 de junio de 2012

Si los límites de tu mente pujáis, mindfuck será lo que obtendréis

Siempre que me aburro me pongo a pensar (como hicieron varios en su época) sobre cómo está conformada la realidad y hasta qué punto tenemos realmente los recursos, el bagaje o cierta cantidad de habilidades o instrumentos para conocer las cosas y poder declarar con toooda seguridad el cómo ciertos fenómenos fueron, son o van a ser, o cómo funcionan, cómo surgen, cómo se perpetúan y bla bla bla. 

Ahora, ¿qué obtengo como respuesta? ¿una idea clara organizadora que me permita sentar base firme en la realidad y adoptar un punto de vista que me guíe? No, la respuesta es que obtengo un condenado mindfuck*.


* Un "mindfuck", dice la página Urban Dictionary, es "una idea o concepto que sacude las creencias o asunciones sostenidas previamente por uno sobre la naturaleza de la realidad"

Uno me dirá: "Oh, Carlos, mirá sobre lo que venís a escribir, ¿no se te ocurrió algo menos inútil o algo más práctico?". Bueno, buen planteo, pero lo que recuerdo es que nuestras concepciones y maneras de ver las cosas afectan e influyen directa e indirectamente sobre nuestros pensamientos, sentimientos y conductas, y eso es un hecho (al que me quiera discutir con gusto le sigo la corriente hasta el hartazgo). Por tanto, creo que es importante que nos mindfuckeemos cada tanto y reflexionemos sobre qué cosas creemos ciertas, firmes, fijas, y cuáles relativas, difusas, discutibles y demás.


Bueno, obviamente, no intento nuevamente decir algo totalmente nuevo ni creativo, porque la reflexión no es un arte que busca algo nuevo, original o creativo, sino que es más filosófica, porque busca analizar, versar, tratar sobre cosas, inclusive las cotidianas o las más ordinarias. Lo que intento expresar es que intento compartir una actitud que muy pocas veces desarrollamos en serio (vamos, que todos nos enloquecemos o nos traumamos solos) sobre las cosas que vivimos y que nos afectan y rodean constantemente.


Dah, mejor dejo de dar vueltas y voy directo al grano. Voy a tratar sobre los distintos problemas que hay a la hora de uno verdaderamente poder alcanzar, comprender y abarcar una "verdad" o un "objeto" que se supone que existe ahí, listo para exhibirse y afectar nuestros sentidos y esperando ser conocido.


El primer problema, y el básico, son las creencias muy firmes, el sesgo. Oh sí, conozco gente brillante a nivel mental, con mucha lucidez, velocidad de pensamiento, capacidad de asociación y hasta con precisión en las palabras que usa y cómo las significa, pero que la verdad rebaja mucho su nivel a la hora de tocar ciertos temas y hasta parece que mandan a la caca su capacidad de pensamiento. ¿Ciertos temas? Van desde gente que te rompe las bolas con que no comas carne, que defiende un gobierno de manera pasional, que tiene una religión muy fijada en todo su ser a tal punto de odiarla o quererla, que no para de ver todo desde el punto de vista de su carrera, o gente que es muy inocente e ingenua por poca experiencia o por tener problemas en significar ciertas vivencias (como la gente traumada, pero traumada posta).


La cuestión de este punto: TODOS pertencemos a uno de estos casos lamentablemente, porque somos imperfectos y nuestra estructura pareciera ser defectuosa en algún que otro detalle de ella, como si viniéramos mal de fábrica, y todos tenemos algún tema irresuelto o con el cual no nos queremos meter (¿por el simple hecho de que sómos débiles ante ciertas cosas o porque no tenemos todo el tiempo del mundo para solucionar todo?). Ahí hay un punto menos para la supuesta objetividad de las cosas, aunque sea en una charla amistosa.


Otro punto: Generalmente la gente muy inteligente, que tiene una capacidad bastante interesante de separar ciertos afectos suyos de su forma de percibir o tratar las cosas, les han dado con la práctica, un posible talento innato, una habilidad bastante plástica para poder comprender y entender muchas cosas, y tener un pensamiento bastante fino y certero. El problema, es que esta gente tiende a ser soberbia, egoísta o muy vanidosa, o al revés: la gente egoísta, soberbia o vanidosa cree saberlo todo de manera indiscutible. Pero ni siquiera ellos son perfectos, porque si uno ve su vida, seguro es un zoquete o un papanatas en alguna cosa: ya sea bailando, con el trato con el sexo opuesto, en matemáticas, etc. etc. etc. Por tanto: a bajar un cambio con su delirio de omnipotencia típico de un infante.


Esto deriva en otro aspecto: tener ídolos, maestros o amos a quienes obedecer o no discutir nada, y ahí surge por ejemplo el fenómeno "magister dixit", donde uno no se atreve a desafiar algún postulado por alguna persona, por el hecho que es su superior o porque la admira (o teme) profundamente. O sea, uno ve gente que realmente tiene cerebro y potencial, pero nunca se atrevería a ser como su ídolo por limitarse a ser como él, o querer ser como él y listo. Ahí hay otro problema: gente que no para de citar a un muerto de hace como 100 años a quien no le discuten casi nada. Te metés con esa figura, y la persona te muestra los incisivos y te mira como si te fuera a saltar encima (LOL).

Otro punto son los afectos: a veces vemos las cosas que queremos o necesitamos, y no precisamente estando en un desierto muriéndonos de sed para delirar un oasis, otras veces nos centramos demasiado en una sola experiencia que no se ha vuelto a repetir, sobrevalorándola o exprimiéndole tanto el jugo que ya se quedó seca. También a veces la gente dice "lo siento así", "tengo la intuición de...", "hay cosas que no me cierran". No digo que estén equivocadas, pero en serio, WTF? ¿desde cuándo sentir algo solamente es un argumento que sustente una verdad? Eso es más para nuestro mundo interior o un mundo fantasioso como una realidad paralela alternativa en general o algo así, salvo que se tenga una percepción subliminal de detalles y elementos que permitan concebir alguna posible organización o algo así (sí, tipo la onda gestalt), ¿no? A veces tenemos miedo a asumir que ciertas cosas son de una manera y no de otra, o que ya simplemente son, y eso nos enferma o nos produce mucho dolor, por tanto las negamos o las intentamos justificar o explicar alternativamente para sentirnos seguros en nuestro refugio, que a veces se cae a pedazos o no soporta los azotes de la realidad (véanse los fanáticos o las personas que son muy rígidas o estereotipadas en tal o cual aspecto de la vida).

Último aspecto: la complejidad de las cosas. Las personas antes veían un objeto y se limitaban a eso que veían, después se dieron cuenta que estaban compuestos por moléculas, y éstas a la vez por átomos, y ellos por neutrones/protones/electrones, y estos por quién-sabe-qué y así sucesivamente. Otros creen que todo fue creado por una inteligencia superior independientemente de un designio a futuro o no, otros creen que todo existió siempre, inclusive antes del Big Bang, y otros creen que todo está conformado por mónadas, por akasha o por alguna cosa loca cósmica intangible. 

A veces, también, creemos saberlo todo con la ciencia o con los profesionales, pero resulta que viene algo que lo cambia todo o que nos deja boquiabiertos o desconcertados, y que hasta inclusive nos produce vértigo de la realidad que vemos a nuestro alrededor (así se siente el denominado mindfuck), digo, estar frente a unos objetos de metal y plástico que nos larguen colores, luces y que inclusive permitan comunicarnos con otras personas es algo bastante loco, al igual que enchufar un cordófono que permita producirnos por su naturaleza notas que sonarían satánicas años atrás. También las personas se han aterrorizado al conocer ciertas teorías y postulados como la teoría heliocéntrica, la teoría de la evolución, las fluctuaciones cuánticas, los multiversos y demás. Se descubren especies nuevas, la materia se transforma de maneras distintas, podemos experimentar sensaciones nuevas y conocer cosas muy distintas que en otras épocas, y eso, la verdad, da miedo y nos hace sentir una gota en un océano si lo pensamos un poco.

Respecto a las personas: es increíble notar cómo las personas son impredecibles, cómo nos desafían las leyes que elaboramos mentalmente de ellas, las ideas, conceptos y personalidades que elaboramos en base a evidencias. Nunca vamos a conocer la riqueza del otro, por más que tengamos toda la empatía, voluntad y cociente intelectual más altos que pueda haber. ¿Cuántas veces las personas nos han sorprendido con aspectos desconocidos suyos? ¿Cuántas veces actuaron de una manera totalmente inesperada? Ahí quedamos con los ojos abiertos y tapándonos la boca con una mano, sin saber qué creer de esa persona.

Bueno, ahí tienen una cantidad considerable de cosas que deberían hacerles dudar respecto a cuántas cosas creen ciertas y cuáles no, cuáles son posibles y cuáles imposibles, y cuáles son importantes y cuales son innecesarias o simplemente complementarias. El problema es que necesitamos un grado de certeza o verdad, sino viviríamos en un caos y enloqueceríamos. El asunto va en cada caso particular, hasta qué punto nos atrevemos a empujar los límites de lo conocido y lo desconocido, o hasta qué punto llegamos a desafiarnos a nosotros mismos y aquellas fuerzas e influencias que nos manipulan en cada segundo que vivimos. A veces sirve desarmar todo lo que conocemos y rearmarlo de una manera distinta, otras veces combinando, quitando o agregando elementos, y otras simplemente repitiendo una experiencia o reflexión sobre una misma cosa, para quizá hasta verla de manera distinta (como pasa con las pelis por ejemplo).


Tooodo esto produce posiblemente un mindfuck, ese término que usé arriba más de una vez. ¿Viste una peli y terminó con un final re loco, quedando anonadado al terminar de verla? ¿Alguien te dijo algo que te revolvió la cabeza? ¿Sentiste escalofríos al vivir algo que no esperabas o que no conocías? ¿No parás de hacerte la cabeza por un asunto? Eso justamente es un mindfuck.


Un atrevimiento de valientes supongo, pero creo que tener vértigo por la realidad, "mindfuckearse", violar tu propia mente, atrofiarte tu cerebro, vale la pena.