sábado, 25 de agosto de 2012

El monstruito que todos llevamos dentro

Este es un pensamiento que ya hace un par de años utilizo a la hora de relacionarme con las demás personas. Es una premisa, es un axioma que no discuto mucho o que es casi automático en mi persona. ¿Pero soy yo el único que piensa cosas como ésta? Y en caso de no serlo, ¿somos pocos? Mi respuesta es un "no", y esto claramente se evidencia en la vida cotidiana en expresiones que todos usan bastante seguido, tales como "a Fulanita no le hablés de tal cosa que se pone como loca", "a Menganito no le hagas ese tipo de chistes", "a ella no le hagas ese tipo de bromas", "a este otro mejor si no lo agarrás cruzado", "ella tiene un carácter podrido", Esas expresiones hacen una referencia directa o indirecta al monstruito de cada persona a la cual nos referimos. 

Esta obra es el mayor representante sobre el dilema "ser o no ser" o el dualismo cartesiano de "razón vs. emoción", donde un ser lucha por sobreponerse ante el otro y dominarlo
Con "monstruito" me refiero a aquello que en mis primeras entradas de este blog me refería, a ese lado podrido que guardamos, esa bestia ilógica e instintiva que todos tenemos en nuestra naturaleza. Quién sabe si es parte de nuestra esencia realmente, o de nuestra estructura o si es puramente algún epifenómeno de secreciones químicas en el cerebro o qué, pero la metáfora me parece bastante clara y un tanto poética.

Es agradable ver cómo todo el mundo se lleva bien para pasar un buen rato, entretenerse o divertirse, como cuando se juntan a comer, a ver películas, cursar una materia juntos o salir a caminar y pasear contemplando lo mundano que los rodea. Pero esto no significa aprecio, respeto o amistad firme y añeja: uno tranquilamente puede tener un buen rato con un desconocido y eso es innegable, y para eso no se necesita tener un vínculo muy estrecho o maduro, ¿o acaso me equivoco? Pero a la hora de hablar cosas serias o poner sobre la mesa las opiniones o comentarios sobre ciertos asuntos, sea política, economía, gustos o intereses, o inclusive, ya hablando a nivel filosófico, concepciones y creencias sobre el mundo, los demás y nosotros, a veces se pone todo tenso.

¿A qué voy con "se pone todo tenso"? Las personas comienzan a sentir que algo les hierve por dentro, rechinar los dientes, cierran el puño con fuerza como si quisieran clavarse las uñas en él, empiezan a crisparse, a respirar hondo, a cerrar los ojos y arquear las cejas mientras toman una bocanada de aire para contestar, etc. También están los que empiezan a temblar, les duele el estómago o se ponen nervioso de la angustia (o al revés, se angustian y eso les da nervios) y hacen evasivas al asunto o situación.

La película "Black Swan" es un elemento de la cultura pop referido a los alter-ego destructivos que podemos poseer sin jamás haberlo sabido
En general uno conoce a otra persona conociendo sus límites o dónde están sus nervios expuestos sensibles ante el más mínimo contacto, y de hecho podría concebirse a cada persona como alguien que tiene su Talón de Aquiles en alguna parte o bajo ciertas circunstancias, el cual, al ser tocado o estimulado, produce a la persona mínimamente un malestar, que puede ser desde un sentimiento de que nos ofenden gravemente una parte nuestra, que nos rompen o quiebran la estructura, de percibir (real o falsamente) que el otro quiere desorganizar esas cosas que tanto nos esmeramos tantas veces en darles coherencia o sentido conectándolas u organizándolas, o justamente intentando que no se encuentren entre sí, puesto que supondrían una batalla interna sea de la magnitud que sea.

El monstruito se ve cuando alguien dice o hace algo que no debió con otra persona, sea grave o no, y acá no hablo de enojos simples y pasajeros comunes y corrientes por el roce con otro: hablo de ataques de taradez que inclusive aterran a los otros que los presencian o que tienen noticias de él. A la persona le cambia la mirada, el tono de voz, comienza a comunicarse de manera distinta con su cuerpo y comienza a señalar y a acusar con palabras bastante ponzoñosas que uno nunca imaginó que tenía reservada o que era capaz de expresar en caso de pensarlas o sentirlas. ¿Qué pasa en esa situación? La parte trasera del escenario se ve y arruina la obra que se estaba ejecutando, la parte de abajo del iceberg, la caja negra se abre, díganle como quieran...


Si bien esto es más fantasioso y caricaturesco, tiene toda una simbología y un significado bastante profundo para quien conozca la tragedia del Dr. Banner y su alter-ego, "The Hulk"
En ese momento conocemos a la otra persona: conocemos su lado agresivo, reprimido, dormido y que quizá muchas veces rogó que no fuera despierto. Generalmente cuando uno se saca, se cabrea, se molesta, muestra y expresa muchas cosas que tenía guardadas o que nunca se atrevió a maquinar en un estado de tranquilidad o auto-control. Eso de "perdón, no quise decir eso, es mentira" es la verdadera mentira: en ese estado uno suelta todas las cosas sucias o filosas que tenía dentro, o como dice la expresión, "sacan los trapos al sol", cosa que honestamente disfruto, porque veo al otro una parte más suya y desnuda, bien revelada, sin máscaras o fachadas, sin maquillaje y sin velo que la cubra: la persona está expuesta y lo sabe.

"Anger management" es otra peli que muestra genialmente cómo una persona puede enloquecer con su ira no controlada, sin necesidad de ser un psicótico o borderline, sino un simple neurótico


No conozco hasta hoy día una persona que mantenga la "cordura" todo el tiempo, ya que a todos y cada uno de los que conozco he visto cómo han explotado y desatado su agresividad contra el mundo o contra una persona específica, y es una demanda catártica, un imperativo que nos surge, es parte del apetito irascible como dicen en filosofía. Sé que todos y cada uno de uds. ha presenciado o experienciado esto, ya sea como espectadores o como el protagonista de la función. Sean buenos cristianos, callados, tímidos, retraídos o mojigatos, todos tienen un monstruito, y yo obviamente me incluyo, el problema es conocerlo y saber qué cosas alimentan su motivación a rugir o expresarse de otras formas cada vez que sale al exterior, y cómo "controlarlo" es una cuestión interesante. ¿Cursos de inteligencia emocional? ¿Salir a correr al parque? ¿Evitar pensar ciertos asuntos? ¿Acostumbrarse a los demás o ciertas situaciones para ejercitar la paciencia, serenidad o auto-control? Hay muchas maneras, ¿no?

A lo que quiero ir, para concluir, es que todos tenemos un monstruo o una cosa difusa, oscura que nos acecha dentro nuestro, y eso muchas veces explica el porqué soñamos con monstruos o con cosas sádicas o crueles: son manifestaciones simbólicas muchas veces de una parte de nuestro "yo" o ego que negamos, y esto la psicología de hecho lo avala (no es invento mío). Ahora, la gran pregunta es: ¿hasta qué punto hay que dejar que el monstruo azote con su fuerza?

jueves, 9 de agosto de 2012

Etiquetando vínculos y la relación amo-esclavo

Estas dos cosas las uní en esta entrada porque son dos aspectos que se relacionan y que a veces se pueden explicar entre sí. Obviamente, voy a tomar ejemplos de la vida cotidiana e inclusive mi propia experiencia, la cual no me parece de otro mundo y de hecho puede ser coincidente con la de muchos que lean esto. Además, rendí hace poco una materia que era bastante sensible a la interacción entre personas y usaba muchas investigaciones para sus postulados teóricos, los cuales realmente me interesaron.

A ver, vamos primero con qué quise decir con las dos expresiones del título: respecto a "etiquetar" vínculos me refería a rotular, delimitar o estereotipar un vínculo con un nombre, el cual le da ciertas características para diferenciarlos de otros (ya luego voy a dar ejemplos). Respecto a la segunda expresión, la de "relación amo-esclavo": no fue un concepto que yo inventé, es de un filósofo de apellido Hegel, que expresaba la asimestría que hay en las relaciones entre personas y cómo una es pasiva/sumisa/dependiente, y otra activa/dominante/imperativa en el caso de dos personas relacionadas por ejemplo (también voy a dar más ejemplos).

Ahora vamos al desarrollo de esta entrada.

  • Una de las cosas que podemos ver sin mucha ciencia es que las personas constantemente están en interacción con las demás, y mientras esto sucede intentan imponer sus esquemas, reglas o condiciones a mínimo otra persona, y dependerá mucho de la relación si la otra acepta eso, si lo rechaza, lo ignora, o si lo acepta con ciertas condiciones.
  • Otra cosa que podemos notar, es que cuando una relación se está intentando definir, es decir, intentando establecer, consensuar o "negociar" su naturaleza, sus límites, sus características principales, las cosas que la delimitan o la hacen funcionar, se tienden a usar clichés o etiquetas, generalmente lo que los demás hacen o lo que se ve de series, pelis, libros y demás. Es decir, se intenta emular un cierto tipo de relación en lugar de que salga naturalmente por ejemplo. Y ahí empiezan los problemas.

En general, las personas, cuando otro se nos impone o nos impone algo, podemos aceptarlo, rechazarlo, ignorar directamente a la persona o aceptarlo con ciertas condiciones (como dije antes). Vamos con un ejemplo. Una persona le dice a otra: "me acompañás a comer hoy, tenés la obligación".  

  • La persona puede aceptarlo con un "bueno, vamos", un "tenés razón" o un "por supuesto"
  • Puede rechazarlo, ya sea con una puteada importante o con un "no tengo ganas, andá sin mi"
  • También puede ignorar directamente al otro, sin darle atención y haciendo como que no está, o dejándolo hablando solo como si estuviera loco. 
  • Por último, se puede aceptar pero con ciertas condiciones "bueno, vamos pero hasta cierta hora", "yo hago esto pero vos después me devolvés el favor"

Ahora, ¿cómo se aplica el tema de etiquetar vínculos acá? Bueno, yo les pregunto, ¿qué tipo de relación tenían esas dos personas que cité? Yo nunca lo dije explícitamente. Depende del carácter de uno, de las vivencias, de las necesidades, creencias y deseos el cómo consideramos ciertas relaciones con el otro o cómo las etiquetamos. Pueden ser tranquilamente madre e hijo, una pareja, dos hermanos, un jefe y un empleado, etc. Cuando etiquetamos, generalmente lo usamos para intentar comprender al otro y para intentar saber qué cosas tenemos permitidas y cuáles no para con el otro. Es como arreglar qué papel interpretamos en una obra se podría decir. También sirve para saber qué beneficios podemos obtener de esa relación (un sueldo, cariño, compañerismo, escucha, contención, etc.). Pero... el problema es que a veces las personas no quieren el mismo tipo de relación o tienen distintas concepciones sobre un mismo tipo, como cuando en un intento de pareja alguien quiere algo serio y otro no tanto, como cuando dos amigos discuten por diferencias o por actitudes que para el otro son innecesarias o molestas por ejemplo.

Y la pregunta del millón: ¿cuándo surgen estos quilombos? Cuando la gente no hablaaaa, cuando no expresa o acuerda cómo se llevan en un cierto punto, o cuando directamente quieren pasar por encima al otro, y ahí es cuando justamente entra lo de "relación amo-esclavo". Todos en general tenemos iniciativa para ciertas cosas y para otras cosas somos sumisos o nos da totalmente igual. Eso es bueno, porque así todo es dinámico, un tanto impredecible y podemos aprender o crecer junto al otro. ¿Ejemplos? ¿Quién empieza una charla casi siempre con el otro? ¿Quién saca temas casi siempre? ¿Quién generalmente organiza una salida? ¿Quién empieza una discusión? ¿Quién la sigue más o la termina? ¿Cuál carácter se impone más que el otro? ¿Quién le hace bajar las revoluciones al otro o se la retroalimenta? ¿Quién sabe más sobre tal o cual cosa que el otro? Ahí tienen varios ejemplos bien concretos de lo que me refiero.

Ya en otra entrada hablaba de esto de la simetría o asimetría en los vínculos, cosa que es algo totalmente visible, pero no es algo siempre definido y absoluto para todo aspecto de la vida. Para algunas cosas somos sumisos, para otras no tanto, y para otras directamente nos imponemos, ya sea en la esfera social, laboral, familiar, etc., pero quería resaltar la idea porque esta entrada me parecía un tanto más profunda y centrada en esto, lo cual podía ser bastante útil para comprender todos estos asuntos.

Ahora, por último, vayamos a los clichés que me refería. Y vamos con ejemplos.

1) Una madre le dice a su hijo que ella tiene el control de su vida y que tiene que hacerle caso en todo lo que diga y le pida. Esto es un cliché de respetar la autoridad por más vieja o porque es la que dio la vida. El problema, en este caso, es que hay madres manipuladoras o perversas que se imponen demasiado, y que creen que su hijo tiene una vida de la que es dueña. Eso, como sabemos naturalmente, es una mentira y es un prejuicio. Esto generalmente viene de la idea de que lo materno y paterno tienen una autoridad indiscutible sobre el infante por ejemplo, o de que uno al ser más grande y fuerte puede abusar de otra persona (aunque obviamente, todo esto tiene muchos factores culturales y bla bla bla). Se supone, en realidad, que naturalmente una persona debe obedecer a su superior, que generalmente es sabio y lo guía, y que a una madre se la aprecia naturalmente por la relación que se tuvo con ella cuando éramos unos retoños que recién veníamos al mundo. Se supone, además, que la madre debe ser respetada pero a la vez querida, y no abusar de su autoridad ni ser posesiva de esa forma con su hijo, aunque, como repito, hay muchas cosas culturales de por medio.

2) Una pareja desde que sale "oficialmente" acuerda de verse más seguido, hacer pública su relación, no mirar a otros por la calle, mandarse mensajitos lindos, hacer cochinadas juntos y bla bla bla. Esto es un problema, puesto que se supone que eso ya surge naturalmente, por ejemplo, al sentirse atraído por el otro de tal o cual forma y dedicar casi toda nuestra atención a esa persona (por sobre todas las demás) y además por tener una "necesidad" del otro de recibir su cariño y darselo. Esto generalmente es porque pareciera que la gente ve muchas telenovelas o porque quieren imitar a sus papás, ¡o quién sabe! Pero es forzar las cosas y a veces jurar o prometer cosas que uno realmente no está preparado para ejercer o cumplir.

3) Dos amigos de repente comienzan a echarse en cara cómo el otro no le da atención o cómo prefiere a otros por sobre él, o sino comienzan diferencias sobre el concepto de amistad que ambos tienen. Acá el problema es que esas personas quizá nunca intentaron expresar qué concepto tenían de la "amistad", o mucho más importante, de la relación que tuvieran con el otro y qué cosas aceptaban, cuáles no tanto, y cuáles diretamente rechazaban. Y acá va desde que el otro sea denso o pesado, que el otro sea poco cariñoso o que no le de atención nunca al otro. También va en qué actitudes o decisiones se toman ante ciertas situaciones o contextos (mentir o no, apoyar al otro en ciertos asuntos o no, etc.).

Si bien no hay conceptos exactamente universales de estas cosas que planteé (relación madre-hijo, amor pasional, amistad y demás), hay cosas que sí son compartidas generalmente por todos, quizá porque nuestra naturaleza tiende a ciertos valores e ideales tales como la nobleza, la verdad, el sacrificio, la ternura y demás. Además, todos tenemos necesidades básicas como de ser aceptados, escuchados, queridos o de tener un espacio personal, como también de compartir, y eso ayuda bastante a que nos podamos relacionar con otro. Si se fijan, tampoco hay concepciones taaaan distintas sobre el amor, amistad y otros sentimientos o relaciones, porque de ser así, tendríamos que constantemente estar definiendo matemática u operacionalmente cada gesto o palabra que usamos, o aclararselos al otro, o constantemente estaríamos aislados y/o poco comprendidos al diferir tanto con los demás. 

Sí, diferencias y desacuerdos hay, pero, ¿cómo puede ser que naturalmente una persona sienta más o menos lo mismo que nosotros y lo valore o vea más o menos igual? ¿Cómo puede ser que haya afinidad/química/sincronía con el otro porque ya había acuerdos previos no hablados? 

Ahora hago otro aporte personal: ¿qué es un vínculo "sano"? Aquel donde hay acuerdos implícitos y naturales, como también aquel donde ciertas partes de su estructura pueden ser modificadas por los protagonistas, por ejemplo charlando explícitamente de ciertos asuntos. Un vínculo sano y agradable es aquel donde predomina el acuerdo, la honestidad y un tanto de igualdad, y también donde hay simetría en varios aspectos, y donde hay complemento en otros. Es aquel donde hay una constancia de acuerdos, una fluidez y regularidad de buenos momentos, y donde hay pocos dolores de cabeza importantes, y en caso de serlos, son constructivos, y no destructivos. Si algunas de las cosas negativas que dije suceden seguido, evidentemente, algo no anda bien, y eso es porque somos humanos y nos equivocamos, porque somos imperfectos y porque siempre tenemos algo para mejorar o para madurar.

Y para concluir digo esto: Ahí tienen el misterio y lo divertido de relacionarse con otros. Por lo visto, hay cosas universales que con algunas personas sí podemos compartir, y eso es sano: la naturaleza de una relación espontánea pero estructurada y orientada, y no siempre pautada por reglas, clichés, normas o imposiciones, por ejemplo, de un dominante a un dominado.