domingo, 14 de abril de 2013

Historial de imperfecciones


Muchos de nosotros sabemos que hay ciertas cosas que no se hacen o que para la mirada ajena - en caso de saberlas - producirían miedo, asco, repulsión o vergüenza, ya sea a los espectadores o testigos como así también al autor de algún dicho, acción, omisión o conducta. Aclaro desde el principio que esta entrada no es una especie de manifiesto ni doctrina moral para juzgar qué es bueno ni malo, como así tampoco es una entrada que pretenda imponer normas universales de parte de un moralista o algo así: es simplemente una reflexión que gira en torno a elementos relacionados o asociados a aquellas cosas que hacemos y que no hacemos que nos producen sensaciones desagradables a priori o a posteriori de la acción (u omisión misma).

Ahora vamos con un lenguaje más coloquial: estoy hablando de "meter la pata", "hacer cagada", "hacer macana", "portarse mal", "pasarse de la raya", "actuar mal", "irse al carajo, etcétera, etcétera, etcétera. Obviamente esto varía muchísimo de acuerdo a ciertos principios o valores que una persona conozca, reconozca y asuma, como así también varía la situación y su estado de conciencia o anímico que podría afectar su volición o su inteligencia (o viceversa). Pero bueno, para no irme por las ramas voy a dar ejemplos como siempre respecto a qué me refiero.

Digamos que las personas somos criadas (en general) a hacer el bien y no atrevernos a atravesar ciertos límites, moviéndonos en una especie de espacio dentro de ciertos márgenes para sentirnos aceptados, queridos, seguros o estables, y que muchas veces, cuando atravesamos esos límites nos sentimos mal: culpables, con repulsión, con remordimiento, confundidos por desconocernos a nosotros mismos, inseguros respecto a qué somos capaces de llegar o hacer, especulamos qué hubiera pasado si la situación hubiera sido distinto o si hubiésemos optado por otras alternativas y demás.

Pero la realidad es que no siempre estamos totalmente lúcidos y conscientes de lo que hacemos y tendemos a meter la pata, y muchas veces de una manera épica o deshonrada, y esto puede ir desde mentirle a alguien para guardar un secreto, tirar un papel por la calle, decir algo desubicado u ofensivo o inclusive aprovecharse de alguien para beneficio propio. Agrego también, que no siempre nos damos cuenta de la gravedad o la seriedad del acto que realizamos o que no, ya sea por desconocimiento, ingenuidad, inmadurez o por lo que sea, "cayéndonos la ficha" después de lo realizado, sea por una reprimenda o sea por algún repentino o largo proceso de reflexión sobre lo acontecido. Es decir: hacemos cagada y después nos damos cuenta de eso, y eso nos puede hacer sentir desde incómodos, perseguidos o inclusive muy muy mal respecto a nosotros mismos.

El problema es que muchas personas al saber que meten la pata, para evitar ciertas ansiedades o angustias comienza a justificarse desesperadamente con fuerzas o variables que escapaban a su control en la situación, como así también están quienes niegan o no comprenden realmente que, bueno... la cagaron. Aunque también cabe mencionar a aquellos que consideran que casi cualquier cosa que esté fuera de su rutina o de ciertos principios rígidos doctrinales que interiorizó es algo malo, deplorable, mediocre, reprochable y hasta repugnante tanto para uno mismo como para un tercero.

Edgar Allan Poe en su famoso cuento "El corazón delator" expresa muy bien esto, cuando su protagonista, luego de ocultar muy detallada y cuidadosamente el cuerpo de un hombre que asesinó comienza a escuchar los latidos de su corazón cada vez más fuerte (estando el cuerpo bajo sus pies), para luego básicamente no dar más y terminar confesando su acto secreto y castigable. Bueno, partamos de la base que si uno lee el cuento se da cuenta que el tipo no tenía todos los caramelitos en el tarro, pero a todos nosotros nos pasa: ¿cuántas veces soñamos o recordamos las cosas malas o de dudosa moralidad que hicimos respecto a un tercero? ¿no nos ha pasado acaso que empezamos a imaginarnos cómo el mundo nos miraría si se enterasen de ciertas cosas que celosa y herméticamente nos reservamos solamente para nosotros mismos? ¿cuántas veces temimos que alguna persona nos descubra, o que peor, haya descubierto algún secreto nuestro y sin que nosotros lo sepamos?

Pero dejando de lado el asunto de cómo nos sentimos mal por nosotros mismos, hago referencia también a la cualidad atemporal o ilógica que tienden a tener nuestros pensamientos o nuestra condición humana repetidas veces. ¿Por qué digo "atemporal"? Por el simple hecho que nuestros sentimientos no se someten u obedecen al tiempo clásico de pasado-presente-futuro, puesto que podemos sentirnos mal por cosas que ni siquiera hicimos realmente como así también por aquellas que pasaron hace mucho tiempo. ¿Por qué digo "ilógica"? Porque muchos miedos y ansiedades nuestros son exageraciones a reprimendas, desprecios, juicios o condenas ajenas, siendo que quizá el otro nos perdona, hace caso omiso, nos da otra oportunidad o no cambia realmente su concepción de nosotros por algo que sepa que hicimos. 

Ejemplo: si uno es muy educado y supuestamente nunca miente y de repente lo hace y alguien lo sabe, ¿va a acusar a uno de "mentiroso" y "maleducado"? No siempre, puesto que, como dicen en la filosofía griega, "el hábito hace al ser", y en todo caso uno es pervertido, mentiroso, manipulador o mediocre moralmente por constantemente repetir las mismas conductas sin remedio alguno. 

El dicho dice: "tropezón no es caída" para aquellos que fracasan, decepcionan, fallan o no llegan al grado de perfección o calidad que pretenden por ellos mismos o que les imponen presiones externas. ¿Una persona por reprobar un examen es un mal alumno? ¿Alguien que se enojó y gritó de repente es alguien malhumorado? ¿Una persona que golpea a otra por cólera acumulada se convierte en una amenaza para la sociedad? ¿Entregarse a pasiones o necesidades en una situación hacen a alguien definitiva y tajantemente débil ante sus demonios internos o alguien que no puede controlar sus impulsos?

Posibles soluciones para el mal obrar están en ir a hacerle saber a una persona en particular lo que uno hizo (o no hizo) para esperar el "veredicto" de esa persona y "largar todo lo que uno tenía adentro" para sentir alivio o sentirse con menos carga encima, como así también hablar con una persona cualquiera sea (un terapeuta, alguien cercano como ajeno a la situación o un sacerdote son claros ejemplos), como también el enmendar o arreglar secretamente la metida de pata que uno cometió, metiendo un parche en el hueco que uno hizo o desenredando el nudo que realizó queriendo o no. Eso depende de cada persona y de cada situación, y obviamente no hay ni mejor ni peor manera como para dictarlo como sentencia universal.


Pero como conclusión puedo decir que todos metimos, metemos y meteremos la pata, todos tenemos secretos o recuerdos escondidos en nuestra cabeza, como así también creo que todos hemos sentido vergüenza, culpa o remordimiento tanto ante nosotros mismos como ante los demás (dejando de lado si el hecho era grave en sí o no) pero... ¿es necesario que el otro conozca ciertos aspectos nuestros poco agradables, como así también nuestro historial manchado con errores o imperfecciones en nuestra rectitud al obrar, como si estuviésemos mostrando un currículum vitae de cosas indecentes o repudiables? ¿Uno puede ser realmente juzgado por otro si hace referencia a cosas muertas que ya no son y que uno nunca más va a volver a repetir? ¿Se puede confiar en alguien que alguna vez se sintió tentado o en necesidad de desviarse del camino que dice seguir? Qué asunto complicado, ¿no?

Y btw las viñetas las tomé prestadas con permiso como siempre de Misantropía Gráfica

miércoles, 3 de abril de 2013

Espontaneidad y "lo que debería ser"

Esta entrada es bastante parecida a una que hice hace mucho tiempo, que se refería a cómo las personas éramos de etiquetar vínculos con otras y cómo nos forzábamos a seguir el estereotipo porque "se supone que...". Como todo lo que acabé de decir no se entiende una goma voy a explicarlo de otra forma: las personas pretendemos tener cierto tipo de relación con otra y empezamos a hacer lo que se supone que hay que hacer cuando se tiene esa relación y no otra. Es decir: en vez de ser naturales y espontáneos comenzamos a condicionar nuestro comportamiento hacia el otro siguiendo "reglas" o "tradiciones". 

Voy a dar varios ejemplos porque sigo con la sensación de que no me explico un pomo:

La relación padre-hijo: se supone que a un padre hay que respetarlo, admirarlo - algunos también dicen temerle -, quererlo, tenerlo de ejemplo, obedecerle y demás. Ahora: ¿cómo surgió primariamente esa relación? ¿Por imitar una relación que se sigue como tradición, sea cual sea su origen? ¿O porque realmente ese tipo de relación hace que surja naturalmente todo eso? Es decir, ¿hay que obedecer o querer a un padre "porque sí" o "porque así debe ser"? ¿O hay que obedecerlo porque es una persona que demuestra sabiduría y experiencia acumulada, además de ser alguien que promete día a día cuidarnos, enseñarnos a vivir y desarrollarnos en la vida, que posiblemente tenga más madurez y criterio que nosotros para realizar tales o cuales cosas?. 

También se supone que un padre tiene que cuidar, proteger, amar y enseñar a su hijo a vivir y a permitir que crezca y madure, recibiendo su apoyo y reconociéndolo como una parte suya, ¿pero eso es porque sí? ¿No será que uno realmente al tomar conciencia de que ese otro pequeño ser existe gracias a uno que lo vuelve tan especial? ¿No será que nuestra vida cobra un sentido nuevo y nuestra mente se abre a nuevas experiencias gracias a una personita que se apega a nosotros desde bebé y que convive con nosotros?

Creo que un grave error es forzar las cosas y obligar a alguien a que se respeten ciertas normas "porque sí", en lugar de demostrarle de diferentes maneras el qué implica ser un padre, qué significa serlo y qué significa ser un hijo para un padre. Obviamente esto no es fácil, pero muchos padres se ganan el cariño y respeto de sus hijos por demostrar con acciones concretas su cariño y su sacrificio, y no como un tirano que se impone ante alguien que de alguna forma no lo eligió.

Imagínense alguien venga y les diga "a partir de hoy me vas a querer, te di la vida así que ese es tu deber". ¿Cómo va a reaccionar uno? Básicamente está entre la espada y la pared, y sabe muy bien de alguna forma que uno no puede ser un animalito condicionado que tiene que querer a su dueño porque sí o porque "no le quedó otra".

¿Cómo puede ser que algunas personas sean como nuestros padres siendo que no compartimos lazo sanguíneo con él ni tampoco por adopción? Es decir, ¿cómo una persona puede aparecer en nuestra vida y ser como un padre para nosotros, dejando de lado la edad que tengamos? Eso es porque naturalmente surgió un vínculo y así quedaron las cosas, lo cual es muy triste si no se logra con quien "se supone que debería ser", es decir, el padre de verdad de la persona, como quienes desmerecen o desprecian a su "verdadero" papá.

Otro ejemplo, relaciones de pareja: acá me voy a saltear el cómo surge todo y el tiempo y bla bla bla, y voy a ir a un aspecto, que es el cómo comportarse con el otro (implicando ésto pensamientos, sentimientos y demás, claro está). 

Vamos con las cuestiones siguientes que son tan populares de pleitos y discusiones. ¿Una persona TIENE que ser cariñosa con su pareja y decirle cosas lindas porque "así debe ser un novio"? ¿No será que uno es cariñoso y dice cosas dulces, profundas y tiernas al otro porque así lo siente, inclusive quizá antes de formalizar propiamente esa relación? ¿No es que hay una ternura y afinidad con el otro que no se tiene con nadie y que "inspira" a decir todas esas cosas? 

Muchas personas patean al otro porque no es como la pareja de un conocido o la de los libros y pelis, y la verdad eso es triste, siendo así con el extrañar/echar de menos: ¿HAY que echar de menos al otro? ¿O simplemente surge de adentro esa necesidad de extrañarlo, porque quizá sentimos que nos falta una parte nuestra, una persona compañera que nos contiene, nos entiende y que además nos acompaña en diferentes momentos? Muchos fuerzan y obligan al otro a extrañarlo como si fuera obligación, como si fuera un intercambio de favores o para no quedar en "desventaja" ante el otro o algo así, y creo esa es una manera floja de concebir las cosas. Inclusive en las relaciones sexuales pasa esto: "agarrátela a tu novia, para algo está", "¿cómo que no hacen esas cosas? ¿para qué se juntaron entonces?". 

Son expresiones un tanto denigrantes y que reducen mucho las cosas por cómo suenan, pero se supone que uno tiene sexo con la otra persona porque así siente esa necesidad, y no porque el tener sexo te haga pareja del otro o algo así, lo mismo al darse un beso: "oh, ¡somos novios! ¡dame un beso apasionado!", como si imitaran novelas o películas, sin que sea un gesto espontáneo y con un significado para cada uno. Digo, uno no dice "Oh, es mi novio, ¡tengo que ser amable y cariñosa con ella porque se supone que debe ser así!", ni tampoco "oh, le voy a regalar algo, ¡es nuestro aniversario y quedo mal sino!", sino que hace eso espontáneamente porque realmente significan algo para uno esas cosas, ¿o me equivoco?

En cuanto a la amistad bueno, dejando de lado el tipo de amistad que esté presente entre dos persona y qué definición tengamos de "amistad" cada uno, cosas universales son el confiar en el otro, compartir tiempo con él, ser cariñoso, apoyarlo, levantarle los ánimos, escucharlo, comprenderlo, contenerlo, etc. "Oh, qué cosa obvia" dirá uno, ¿pero entonces por qué con ciertas personas que se supone son amigas esas cosas no surgen? 

Eso es porque muchas personas dicen "amigo" a una persona con la que apenas se llevan o con la que poco han explorado su relación, y así de repente se fuerzan a confiarle cosas o a juntarse, para encariñarse y justificar que las llaman "amiga" o "amigo" por algo. ¿No será al revés? ¿Que al relacionarse con uno, sin pretender nada, surja confianza, apego y compañerismo? De hecho mucha gente reconoce muy bien esto y dice "para mí una amistad es algo importante, y amigos de verdad tengo muy pocos, y no fueron de un día para el otro", tomando como "conocidas" o "personas buena onda" a quienes les caen bien o simpatizan, intentando dejar la palabra "amistad" para algo realmente diferente y/o más profundo.

¿A qué quiero ir con todo esto resumidamente? A que muchas personas fuerzan o comienzan a actuar por inercia con otra, sin realmente reflexionar o considerar qué significan ciertas cosas con la otra, que van desde compartir un buen momento hasta un beso del tipo romántico, desde un abrazo hasta una preferencia o "favoritismo" por otra persona. 

Es decir, es como si comenzaran al revés, lo cual muchas veces sirve, como quienes se casan obligadamente o quienes comienzan a "amigarse" o compartir tiempo con otra persona porque "no le queda otra", pero empezar al revés creo que no da garantía de que las cosas sean como uno pretende, no tanto al menos como quienes comiezan sin esperar nada y que van viendo "cómo se da todo". 

Primero porque uno ya pone energía, esfuerzo y esperanza en que la relación sea de ese tipo y no de otro, y segundo porque se "obliga" a hacer o no hacer ciertas cosas que solo surgen naturalmente, todo eso en lugar de dar el beneficio a la duda o evitar etiquetar o definir de entrada una relación con otro.

¿Cómo se puede tener una amistad con otro si no se confía en él? ¿Cómo se puede estar de novio sin extrañar casi al otro o sin sentir mucha tenura y algo "especial" por la otra persona? ¿Por qué tiene que haber con compañerismo obligadamente con gente que en realidad no soportamos? ¿Por qué hay que saludar a alguien por su cumpleaños si realmente no nos importa? ¿Hay que preguntar a alguien cómo anda si ni nos preocupamos genuinamente en saber cómo está el otro?

Todo esto es porque a veces no sabemos hacia dónde va nuestra relación con el otro ni tampoco estamos muy seguros de qué hacer, pensar o sentir respecto al otro, y por eso vamos intentando ver qué cosas nos conmueven o "convencen" respecto al otro para pegarle para adelante y desarrollar más nuestra relación. ¿Vas a reírte de algo que no es gracioso? ¿Vas a abrazar fuertemente a alguien que no querés? ¿Vas a llamar a alguien "amigo" pero que en realidad todavía no te convence? ¿Vas a juntarte con gente que no extrañás mucho realmente? ¿Vas a hacer un gesto amable o educado porque es costumbre o porque así te nace de adentro?

¿A un docente lo respetamos por miedo a que nos repruebe un examen o porque realmente nos inspira respeto su sabiduría y paciencia? ¿A un anciano le tenemos respeto porque así nos dijeron que hay que ser o porque vemos que es alguien frágil y que es admirable cómo sigue vivo más allá del tiempo? ¿A un hermano le tenemos cariño y consideración porque "entre hermanos no se pelea" o porque es una personita que convive con nosotros y que creció junto a nosotros de alguna forma? ¿Un sacerdote tiene que ser educado y amable con su prójimo porque así lo dice su Biblia o porque así siente que debe ser? ¿Una persona tiene que interesarse por las cosas que estudia o eligió estudiar algo porque ya le interesaba? ¿Uno disfruta una comida porque realmente le gusta o porque se obligó a comer ese plato y se acostumbró? Costumbres versus significados, imposiciones versus espontaneidad, caprichos versus realidad...

Como conclusión puedo plantear: ¿hacer para sentir o sentir para hacer? ¿pretender mucho o esperar poco? ¿intentar ciertas cosas o esperar que surjan naturalmente? ¿definir una relación por "acuerdo" o porque la realidad misma la defina? ¿imitar lo que otros hacen o hacer lo que uno considere conveniente? Muchas cuestiones para ir probando y experimentando...