jueves, 10 de abril de 2014

Cuando las personas cambian

Las cosas cambian, las personas también, la realidad cambia. El cambio no siempre tiene que ser concomitante a la "substancia" se podría decir (la estructura, el fondo, la esencia de algo), sino también a sus "accidentes", pequeños detalles que pueden hacer que el todo sea irreconocible inclusive. Una piedra puede seguir siendo una piedra que algún extraño patea aleatoriamente por ir distraído, siendo ella víctima de repetidos accidentes de gente descuidada que no tienen consideración por un pedazo irregular de algo duro y gris. Pero en el momento que comenzaste a preguntarte por esa piedra, o que te diste cuenta que simplemente la pisaste, algo capta tu atención: es algún ser de la realidad pequeño o diminuto que estuvo ahí, a quien ignoraste.

Con las personas es muchísimo más complejo, y obviamente un ser humano aflige más que una piedra con la que tropezaste, sin intención de desquitarte con ella de un puntapié quizá. El gran gran problema o cuestión de las personas, es que nunca terminás de conocerlas, y muchas veces tenés que basar tu relación con una en constancias, patrones o expectativas que se repiten o mantienen durante un cierto tiempo, que pueden ser encuentros ocasionales de la vida o meses de ver seguido a esa persona. En varias entradas ya traté el tema de por qué nos relacionamos con los otros, o por qué justamente ese intercambio o relación puede cesar paulatina o bruscamente, por lo que en esta entrada prefiero hacer énfasis en el asunto de la gente que cambia.

De una persona siempre buscamos o queremos algo que creemos que nos puede dar, y cuando un intercambio infinito de gestos, conductas o palabras se da, podemos corroborarlo y decidir seguir adelante con esa empresa. En el fondo tenemos esperanza o anhelamos que el otro nos de algo, sea lo que sea, que inclusive puede ser un "algo" que esa persona tiene que otra no nos puede ofrecer por más que quiera: compañía, cariño, amistad, alimentar nuestras fantasías románticas, escucha, motivación, disciplina, apoyo, etc.

El problema no siempre se evidencia cuando una relación se desgasta o cuando hay una modificación o re-estructuración de la misma, sino cuando no hay reciprocidad en ello, y una persona se considera una víctima pasiva ante la indiferencia, repulsión o desprecio de la otra persona, muchas veces sin motivo alguno. Alguien necesita del otro, pero él demuestra - inclusive de manera cruel y soberbia - que puede vivir sin el demandante, olvidarse de él por semanas o meses y demostrar que puede respirar y apoyar su cabeza sobre su almohada, para comenzar a soñar quien sabe qué cosas que le permitan conciliar sueño.

Esto pasa porque hubo algo que cambió, una novedad introducida de distinta naturaleza en todo caso: la persona de repente decidió cambiar su forma de relacionarse con nosotros, recibió algún influjo externo, o quizá nosotros le insinuamos que se modifique en cuanto a su forma de tratarnos. Como se dice en criollo: "empezó a manejarse distinto" con nosotros, y muchas veces sin nuestro consentimiento.

Pero dejando de lado el nivel relacional, vayamos más al lado "óntico", al "ser" de la persona: ¿qué le pasó a ese ente que de repente opta por ir por nuevas vías sin nosotros? ¿se introdujo algo en él o se liberó de una parte suya como un animal que cambia su piel o su caparazón porque así lo pauta la vida misma? Ejemplos concretos: alguien nos empieza a tratar distante, ya no nos extraña como antes afirmaba, comienza a estar con otras personas por preferencia o conveniencia, notamos que está más malhumorado o serio, siente indiferencia ante nuestra presencia, o simplemente parece tener en su rostro inmutado una cantidad nula o despreciable de interés por nosotros.

Obviamente que no tengo la bendita respuesta a la cuestión porque depende mucho de cada situación en particular, y también depende qué cosas te ataban o ligaban a esa persona de alguna forma supuestamente "recíproca". Pero puedo afirmar que hay situaciones que realmente dejan boquiabierto a uno, que son consecuencia muchas veces de un cinismo frío y desvergonzado de alguien, o por el estupor o factor sorpresa de decir en términos ordinarios "¿pero acá qué pasó que no me enteré?". Posiblemente nosotros pudimos influir en que la persona cambie con nosotros, como también puede ser que a la persona se le haya metido un parásito en el cerebro y eso afecta su modo de comportarse con todo el mundo, evidenciando que la situación no es personal con nosotros y hace justas las cosas para todos.

Quedar atónito, frustrado, resentido, extrañado, dolido, nostálgico o con un dolor de cabeza impresionante son reacciones totalmente normales, más cuando la persona claramente muestra desinterés o se jacta que encontró nuevos caminos para recorrer sin nosotros, como diciendo de alguna forma "no te necesito más", "seguí respirando, comiendo, durmiendo independientemente de tu existencia", "hasta acá llegaste, de ahora en adelante sigo solamente yo el recorrido", o cosas así que nuestra mente puede imaginar - como analogías - para intentar descifrar el misterio de personas incoherentes o que abruptamente cambian.

Hay personas que claramente son disfuncionales, que están enfermas o que están abrumadas por otros factores que les exigen poner su tiempo y energías en otras cosas, pero he aquí el centro de la cuestión: ¿POR QUÉ cambiaron cosas que previamente NO eran así? ¿será temporal esa novedad o es algo que enterró el pasado e impuso una nueva y sólida estructura que ignora que se cierne sobre él? 

Si creen que la solución es hablar con la persona en busca de respuestas, les aviso que pueden llevarse una gran decepción si ella no demuestra interés, necesidad o ganas de explicarse, y mucho peor si no reconoce semejante cambio. Además, ¿realmente la persona cambió? ¿o nosotros también cambiamos, y estamos susceptibles de pequeños cambios irrelevantes que nos irritan y que nos carcomen? ¿Qué si el problema somos nosotros y la persona jamás modificó absolutamente nada de ella en ningún sentido?

Como conclusión redondeo ideas: las personas son complejas, y es difícil saber hasta qué punto un cambio supone una real y efectiva modificación del otro. También es difícil saber el motivo o duración de ello, o si simplemente estamos proyectando ansiedades previas en un sujeto que poco tiene que ver con nuestros complejos o miedos a amenazas de abandono o desinterés. Observar lo que uno siente y piensa, como así también observar a la persona y esperar que el tiempo pase son muchas veces la única solución natural al asunto, una solución que equivale a un posible desenlace que podría no agradarnos, que van desde un "no sé, ¿qué se yo?" hasta un "la verdad que me distancié de vos y no te extrañé como solía". La gente nos sorprende día a día, y siempre vamos a encontrar situaciones que no tienen una nomenclatura específica que las describan...